Costumbres / 6 de diciembre de 2011

Teatro

El “off” comercial

La oposición entre “independiente” y “profesional” se desdibuja. La escena experimental llegó a Corrientes o agota entradas en pequeñas salas. ¿Se terminó la bohemia pobre? Opinan los protagonistas.

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“Filosofía de vida”, “La omisión de la familia Coleman” y “Medea”, cruces entre el “on” y el “off”.

Hacer” un Shakespeare hoy es un desafío actoral del que muchos artistas consagrados no se sienten a la altura y, si se atreven, es con una enorme inquietud. Pero ¿quién interpretaba a Hamlet antes de que Lawrence Olivier estableciera, en los años ‘30, la vara con la que habría de medirse a todos los Otelos, Enriques y Coriolanos hasta el fin de los tiempos? En la época del teatro isabelino, cualquier actor de una compañía de teatro de las que pagaban a los autores por interpretar sus textos.

A veces, estas compañías eran las dueñas de las “salas” –antiguos circos o predios donde se realizaban hasta luchas de perros–; pero en ocasiones tenían que rentarlas. Como la actividad teatral no estaba bien vista, era esencial que algún miembro de la compañía estuviera bajo la égida de un noble que de algún modo la protegiera de las cancelaciones y prohibiciones legales. Este cuadro mejoró cuando los ingleses tuvieron una reina que disfrutaba enormemente del espectáculo: Elizabeth I. William Shakespeare y una constelación de dramaturgos menos célebres no hubieran sido posibles sin su patrocinio.

Desde esos tiempos hasta hoy, la historia social del teatro (como la de otras artes) puede narrarse como el proceso de profesionalización que transformó a actores, autores y directores en trabajadores que viven en forma independiente de su creación sobre las tablas. Y todo profesional se inserta en un mercado que tiene lógicas propias de inclusión y exclusión, jerarquías y canales de consagración.

Una de las dicotomías que divide (u ordena, según cómo se lo mire) el campo teatral, opone las producciones populares, comerciales y masivas a las experimentales, solo para iniciados, que se sostienen a duras penas con escasos recursos. Una polaridad que en la Argentina actual, parece a punto de quebrarse. Los famosos “on” y “off” tienen hoy más puntos en común que diferencias. La aureola militante, pobre y bohemia del teatro independiente habita solo en la imaginación de los no iniciados. Y el goteo de actores y autores experimentales a las salas comerciales es incesante. No solo los productores tradicionales del teatro comercial montan textos de culto. Hay salas esponsoreadas por grandes empresas y proyectos cooperativos para los que se requiere reservar entradas con dos meses de anticipación. El “éxito off” podría bautizarse a esta nueva era en la que las estrellas no salen en televisión todos los días, pero cotizan muy alto en seminarios, puestas en escena y actuaciones.

En este nota, un análisis del nuevo escenario del campo teatral tal como lo perciben sus protagonistas.

 

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