Sociedad / 6 de Diciembre de 2011

Sorpresiva voz en el teléfono

La reacción del conductor tras la crítica de NOTICIAS a “GH 2012”. Cambios urgentes.

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Protagonista. Rial subió el perfil: se metió a la casa, mostró videos y generó intrigas. Los cambios de reglas, un lastre.

La voz del conductor de “Intrusos” parecía amable, sobre todo después de que el destinatario de ese llamado, yo, acababa de publicar una crítica feroz sobre “GH 2012”, programa que el hombre de América volvió a timonear hace poco y no arrancó con el pie derecho. En realidad, esperaba recibir alguna reprimenda; de todas formas, cholulo irrecuperable como soy, hasta el hecho de escucharlo desahogarse hubiera resultado muy divertido.

Para mi sorpresa, Jorge Rial no solo esquivó cualquier tipo de agresión, sino que se mostró afectuoso y me agradeció ese análisis que, según comentó, le parecía duro pero de buena leche. Incluso admitió que estaba de acuerdo, y que coincidía con lo que le venía planteando a la producción. “¿Te sirvió?”, le pregunté. “Mucho”, fue su respuesta. Terminó de sorprenderme cuando aseguró que acababa de recomendar el artículo en Twitter; toda una audacia de su parte ya que es uno de los twitteros poderosos del país.

Creo que la impresión que me quedó de Rial es mejor de la que le debo haber dejado yo. Sospecho que esperaba a un filósofo con toga, y se encontró conmigo que por poco le pido un autógrafo. “Te veo todas las tardes”, casi le grité, desmadre frente al que guardó un respetuoso silencio que le agradezco, y seguimos discutiendo sobre el tema en cuestión.

“Ya este fin de semana vas a ver algunos cambios en pantalla”, aseguró. Y así fue: Rial se metió a la “casa de al lado”, mostró videos y fue al hueso para generar conflicto. Les puso intriga a las historias cosméticas de los participantes y pegó el timonazo. Aún los números del rating son fríos. Pero es un intento de supervivencia que, sin embargo, contrasta con la insólita decisión de la producción de pretender cambiar todo el tiempo las reglas del juego, abandonando el relato.

Paranoia. No sin ironía, la gente de esta revista bautizó hace mucho mis columnas con el título “Ganando amigos”, y dado que paseo por casi todos los temas, se ve que no hay sector en donde no haya dolientes esperándome. Ahora, despejando el buen gesto de una figura importante que se toma la molestia de contactarse con el fin de agradecer nada menos que una crítica, el llamado de Rial me hizo pensar en cómo funciona la dinámica de la comunicación humana cuando se baja el nivel de paranoia.

Siempre digo que, después de años de ejercer mi rol de publicitario en campañas políticas, entendí que quienes están en la función pública desarrollan una mirada conspirativa del mundo que los rodea. En lugar de preguntar qué pasó, lo primero que les sale es quién “me” lo hizo, inquietud que mantienen aun en caso de que estemos hablando de catástrofes naturales. Es evidente que parte de esa locura se fue filtrando a la sociedad, y hoy por hoy la mayoría de nosotros, en vez de evaluar una opinión o tratar de entenderla, buscamos radiografiar al mensajero que la porta. La famosa crispación social no es otra cosa que el peso de ir por la vida adivinando de dónde viene la bala antes de considerar su capacidad de daño o saber si realmente estamos frente a un proyectil. Es curioso que Rial, pieza esencial de esa usina a punto de explotar que es el mundo del espectáculo criollo, particularmente el de la tele, haya renunciado a la tentación de refugiarse en los pliegues de la conspiración, y se anime a pensar que no todo está “mandado” con el fin único de dañar o desestabilizar. Bajando las defensas pudo aprovechar el mensaje y poner en primer plano una máxima que siempre repiten los supermercadistas: nada mejor que un cliente crítico que, equivocado o no, sea capaz de decirte lo que piensa. Porque si a algo le temen, es al que sale por la puerta con una sonrisa de oreja a oreja, que promete visitas varias, y termina recalando en la competencia.

 

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