Teatro / 7 de Diciembre de 2011

Teatro

Detrás de la puerta

“Más liviano que el aire”, de Federico Jeanmaire. Dirección y adaptación: Gabriela Izcovich. Con Betiana Blum y Juan Barberini. En el Regina, Santa Fe 1243.

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Gabriela Izcovich hizo una lograda adaptación de la novela de Federico Jeanmaire que ganó el premio Clarín en el 2009, y también dirige con pericia la puesta en escena. La trama es sencilla y conmovedora: una anciana es asaltada por un joven delincuente en el momento de entrar en su casa, pero ya adentro y con toda astucia, ella logra encerrarlo en el baño. Esta es la situación básica sobre la que se va a desarrollar la historia; aunque no lo vemos, sabemos que el joven está furioso por el estruendo que se oye detrás de la puerta; se entiende que está rompiendo todo. Lejos de angustiarse, la anciana se ve radiante; esa inesperada presencia, aun encerrada en el baño, despierta zonas de su ser que tenía sumergidas. Por lo pronto es una compañía y un interlocutor, siempre a través de la puerta, aunque en este caso es un interlocutor marginal, provocador e irrespetuoso.
Sin embargo ella no se ofende, al contrario: quiere educarlo y reformarlo, en realidad quiere adoptarlo. No le ahorra su esquemática opinión sobre las clases trabajadoras y expresa con claridad su pretensión redentora, pero mientras tanto lo hambrea. Nunca vemos al joven delincuente (Juan Barberini) y por momentos cuesta entender lo que dice detrás de la puerta, pero es crucial su aporte al espectáculo por la gracia y la oportunidad de sus réplicas. La construcción que hace Betiana Blum de una nonagenaria es un poco extrema. Sus tonalidades al hablar, que se han vuelto muy características a lo largo de su carrera, resultan por momentos algo forzadas, así como el manejo de su cuerpo, especialmente a la hora de sentarse.

La historia es muy bella: la mujer, que ahora se llama Lita porque el chico la bautizó, recupera las ganas de vestirse y cocinar, sale de compras y tiene planes para su visitante. Se la ve alegre y conversadora; ahora que por fin tiene compañía se permite soñar y beber un licorcito; evoca los grandes momentos de su triste vida, pero por encima de todo rinde culto a su madre, a quien ama y admira, una mujer independiente que quería volar.
La escenografía de Alicia Leloutre es amable: tiene la calidez y la sobriedad propias de una vida solitaria como la de Lita, con un resto de estilo pero básicamente confortable. El vestuario en cambio resulta también algo forzado: los sombreritos pasados de moda y las enaguas involuntarias chocan un poco con el lenguaje perfectamente actual y realista del joven encerrado.

En suma, un bello espectáculo que invita a reflexionar en primer lugar sobre los viejos, seres de aspecto aparentemente insondable pero llenos de sorpresas; y también sobre la capacidad y la voluntad de hacer vínculos, incluso a través de las puertas, las edades y las clases sociales.

 

Comentarios de “Detrás de la puerta”

  1. NO CONSIGO ENCONTRAR LO PUBLICADO POR VDS., CREO QUE EN PERFIL, CUANDO LE DIERON EL NOBEL DE MEDICINA AL JAPONES YAMANAKA. SI ES POSIBLE LES AGRADECERIA ME MANDARON EL O LOS LINKS RELATIVOS A DICHA INFORMACION. AGRADECIDA DE ANTEMANO.

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