Mundo, Opinión / 22 de diciembre de 2011

Opinión

Tirano y revolucionario

Como en un juego de espejos, los destinos de los fallecidos Kim Jong-il y Vaclav Havel se cruzaron sobre el abismo ideológico de la historia.

Por

Antagónicos. El dramaturgo que luchó contra el régimen comunista de Praga.

Murieron el mismo día, como si la historia quisiera reunirlos en las portadas de los diarios para dar un mensaje al mundo. El mensaje diría que el humanismo y la racionalidad son incompatibles con el totalitarismo, porque el devenir de todo régimen totalitario desemboca inexorablemente en lo absurdo e inhumano.

Vaclav Havel y Kim Jong-il, reunidos en los medios informativos de todo el planeta, vivieron dos historias radicalmente opuestas en la misma dimensión ideológica. El dramaturgo checo pidió un  “socialismo con rostro humano” y el régimen comunista le respondió con tanques soviéticos. Y Kim Jong-il heredó de su padre la corona y el trono de una monarquía absolutista con constitución de “república democrática, popular y socialista”.

Havel enfrentó el totalitarismo y terminó derrotándolo con la “revolución de terciopelo”. En cambio Kim expresó el totalitarismo en su versión más delirante: el comunismo dinástico de Corea del Norte.

La historia oficial dice que el nacimiento del “Querido Líder” fue anunciado por un ruiseñor que habló en lengua humana; mientras que al día del alumbramiento lo acompañó un arco iris sin lluvia sobre la cumbre del monte Paektu. La leyenda dice que en el Lago del Cielo, en la cumbre de esa montaña de la Cordillera de Changbai, moraba el dios que creó la península coreana y al pueblo que la habitó. Por eso el Paektu es un monte sagrado a través del cual se expresan los dioses. Y con aquel  arco iris anunció que llegaba al mundo el hijo de Kim Il-sung, quien a esa altura de la historia era considerado una deidad viviente.

 

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