Danza / 23 de diciembre de 2011

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De Lord Byron a Marius Petipa

“El Corsario” de Adam, Drigo, Délibes, y del Príncipe de Oldenburg. Con Paloma Herrera, Guillaume Côté (primer bailarín Ballet Nac. de Québec) y primeras figuras y elenco del Ballet Teatro Colón, dir: Lidia Segni, y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

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Simplemente perfecta. Paloma Herrera derrochó soltura y precisión, con su partenaire canadiense Guillaume Coté y gran elenco.

Con este brillante espectáculo se clausura la Temporada 2011. Quedan aún las funciones del 27 y 28 de diciembre. “El Corsario”, del American Ballet Theatre, es una obra romántica con coreografía de Anne Marie Holmes. En 1999 y en el  Teatro Colón se vio la versión que Piotr Guseev concibió para el Ballet Kirov de Leningrado. Esa ocasión permitió apreciar la grandiosa reconstrucción y despliegue de artistas, entre quienes estaban Svetlana Zajárova y Faruk Ruzimatov. Esta nueva versión abrevió el argumento, cambió el orden de los números de la versión Guseev e insiste en la tesitura de tomar la música de escena, dándole a su orquestación cierto tono de festival de variedades, con luchas de espaditas en solfa, que solo se golpean un poco… Pero los aportes escenográficos del diseñador Christian Prego, la iluminación de Roberto Oswald, y el vestuario de Aníbal Lápiz han sido concluyentes, sosteniendo un mundo de fantasía alejado ya del aporte literario de Lord Byron. En cuanto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires conducida por Arzuza, tuvo un destacado desempeño, sobre todo por la claridad y colaboración con los bailarines.

La actuación de Paloma Herrera era aguardada con ansiedad. Volvió luciendo una gran figura y la soltura de una bailarina que bien conoce la obra que interpreta.
Evitando todo divismo , ella ha insistido en bailar junto al destacado partenaire que la acompaña frecuentemente: Guillaume Côté, ahora coprotagonista (Conrad “el Corsario”) aunque su mayor mérito es actuar como un compañero de excelencia, ya que maneja a Paloma muy bien, permitiendo que brille hasta en altura, en “grande souplesse”, sin dejar de atender cierta expresividad que acredita su experiencia. Como solista se destacó en los amplios “grand jeté” con caída perfecta. Paloma no tuvo un solo momento débil y su estelar actuación fue impecable, con una chispeante Medora.

Su amiga Gulnara adquiere en Silvina Perillo su máxima interpretación, comenzando por la faz técnica, perfecta y exacta en los giros y en prestancia escénica. Esto se pudo apreciar en el “pas de deux d’esclaves” con Federico Fernández, notable solista (el ávido mercader Lankedem), recibiendo ambos un efusivo apoyo del público. Juan Pablo Ledo atrajo la atención con sus virtuosas y deslumbrantes evoluciones técnicas y un excepcional desempeño como Alí. Cómico refinado y hábil mimo resultó Marcelo Antelo (el Pashá), así como se reveló un verdadero bailarín-actor, con fuerte y precisa expresividad Edgardo Trabalón (Birbanto). Las difíciles variaciones del primer acto, características de Petipa, tuvieron desempeños inicialmente discretos, luego de la relevancia de María Laura Matienzo, Natalia Pelayo y Carla Vincelli. El “divertissement” “El Jardín Animado” ofreció una bella impresión visual, con un nutrido elenco de académicas bailarinas, y la encantadora música que inicia el vals francés de Leo Délibes (“pas des Fleurs”) y culmina majestuosamente con el “andante” de Adolphe Adam. Numerosos alumnos del Instituto de Arte del Teatro Colón intervinieron con solvente desempeño en este “divertissement” y otras escenas de “El Corsario”.

 

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