Personajes / 29 de Diciembre de 2011

Julia (29), Sebastián (31) y Miguel (28) Zuccardi

“Buscamos nuestro propio camino”

Tercera generación de bodegueros, aportaron una veta diferenciadora en relación a vinos de alta gama, aceites de oliva y turismo ecológico.

Hay que investigar, en la agricultura todo es empírico, intervienen factores que no manejás. nunca parás de aprender. Más que negocios, son actividades de vida (Miguel)

Digno perro de bodeguero, el rhodesian rigdeback que descansa bajo la pérgola coronada por un parral responde al nombre de Syrah. “Él nos da una idea del nivel de ocupación del restaurante: si hay gente se acuesta acá, si no se acerca a la parrilla”, informa sonriente Miguel Zuccardi. Aquí, en la finca Beltrán, en Maipú (a 40 km de Mendoza) su abuelo Alberto plantó la primera viña en 1963; en 1976 se sumó su padre, José Alberto, y hoy los tres hijos trabajan en la bodega Familia Zuccardi, la tercera del país en exportación de vinos.

Muy lejos de la inercia, la tercera generación aportó sus propios proyectos: Sebastián inició la elaboración de espumantes, la expansión a fincas en Valle del Uco, que generaron los vinos de alta gama, y comanda el área de investigación y desarrollo; Miguel apostó al aceite de oliva y Julia tiene a su cargo “Casa del Visitante”, el emprendimiento turístico que recibe más de 50.000 visitantes por año.

Noticias: Cada uno empezó con algo nuevo en la empresa familiar, ¿fue un desafío personal o lo consolidado requería un paso más?

Miguel Zuccardi: Cada uno se abrió espacio porque fue encontrando un oficio diferente, y se amplió el panorama. Sebastián está más dedicado a los viñedos y la vinificación de alta gama, y yo en un 100% a las 250 hectáreas de olivos en las fincas de Maipú y de Cañada Honda, zonas ideales por su gran amplitud térmica.

Sebastián Zuccardi: Es la dinámica familiar, el constante cambio. Pero no desechando lo hecho y refundando, sino la permanente construcción. Mis padres apoyan, nunca te van a decir “no”.

Julia Zuccardi: La innovación es uno de nuestros principios. Fuimos la primera bodega en abrir al público en el 2001 y cuando me incorporé al área de enoturismo hace 4 años, estaba necesitando más vuelo, mayor estructura. En los últimos diez, el turismo en bodega ha explotado: produce eventos, impulsa la gastronomía en Mendoza.

 

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