Mundo / 29 de diciembre de 2011

El mundo tras 2011

Ya nada será igual

Hechos y protagonistas de un año marco para la Historia. La combustión árabe, el abismo de Europa, la muerte de Osama y Kim Jong-il y el cáncer de Lula y Chávez. Efectos en 2012.

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Las protestas. Sellaron el año con toda su intensidad. La plaza de Madrid fue el símbolo de la indignación que contagió a los cinco continentes.

Solo Japón mostró un paisaje humanamente enaltecedor. En las demás postales alentadoras del 2011, las luces se mezclan con las sombras en complejos claroscuros. En cambio, en el paisaje japonés de la tragedia y la devastación provocadas por un terremoto y un tsunami, el mundo vio a una comunidad que no perdió la calma, ni se envileció perpetrando los saqueos y el sálvese quien pueda que irrumpen en escenarios arrasados como el que describió Cormac McCarthy en la novela “La Carretera”. La tierra se abrió a sus pies y a renglón seguido se les vino el mar encima dejándoles una crisis nuclear, pero los japoneses no le mostraron al mundo llantos histéricos ni caos, sino un orden sereno y solidario.

Por cierto, las rebeliones árabes también le dieron al mundo imágenes vivificantes. Las ansias de libertad desafiando bestiales represiones, aportaron dignidad a sociedades normalmente entregadas a la sumisión. Y no es lo mismo “indignarse” con el “euroajuste” acampando en la madrileña Puerta del Sol, que enfrentar a déspotas todopoderosos como Hosni Mubarak o Muammar Khadafi. Desde los tunecinos que derribaron a Zine Ben Alí y el régimen del partido Neo-Destour, pasando por los revolucionarios de la Plaza Tahrir y los rebeldes que avanzaron contra el ejército libio y conquistaron Trípoli, hasta los que aún siguen luchando en Siria contra un régimen que responde con masacres diarias, los árabes siguen mostrando al mundo una rebelión con la dignidad que implica enfrentar la tortura y la muerte en la lucha contra dictaduras fuertemente represivas. Pero la postal llamada Primavera Árabe tiene algunas sombras, por caso el brutal linchamiento de Khadafi y el proceso electoral egipcio que comenzó con abrumadores triunfos de oscurantistas dirigencias religiosas. El dato más preocupante es que se convirtió en segunda fuerza el Hiz al-Nur, partido de la luz, de los salafistas, que profesan la versión norafricana del wahabismo, la vertiente coránica oficial en Arabia Saudita, ideología de Al Qaeda e inspiración de los talibanes afganos y paquistaníes.

Sorpresas. Lo inesperado fue otro rasgo del 2011. El mundo imaginaba que, de ser hallado, Osama Bin Laden estaría armado hasta los dientes y rodeado de feroces mujaidines adiestrados para la lucha más feroz. Imaginaba también una épica batalla en algún rincón inaccesible del planeta, como las cumbres más recónditas de la cordillera del Hindu Kush. Sin embargo, comandos norteamericanos finalmente lo encontraron en una tranquila ciudad paquistaní, habitando una casa de jardín con hamacas, tobogán y otros juegos infantiles, porque más que feroces mujaidines lo rodeaban niños y mujeres. No es tan incomprensible que lo hayan acribillado en una operación sin el permiso de Pakistán, país en cuya clase dirigente todos juegan para distintos bandos y muchos lo hacen para Al Qaeda. Lo difícil de explicar es que hayan hecho desaparecer el cuerpo arrojándolo al océano.

También es difícil explicar que Israel haya esperado seis años para aceptar las condiciones que exigía Hamas para liberar al soldado Shalit.
Sorprendió que haya sido el intransigente Netanyahu quien liberó centenares de activistas palestinos, muchos de los cuales mataron a israelíes, para recuperar al joven tanquista capturado en la frontera de la Franja de Gaza. No obstante, la postal del intercambio favoreció al Estado judío, porque nadie imaginaría a Hamas liberando centenares de enemigos a cambio de un soldado raso de su milicia Ezedin al Kasem.
Lo que no sorprendió a nadie fueron las señales de crisis y conflictos que irrumpieron en Irak, ni bien se fueron los marines norteamericanos. Barak Obama pudo cumplir al menos una promesa de campaña, poniendo fin a la ocupación que tan mal habían decidido y planificado Bush, Cheney y Rumsfeld. Pero no lo ayudará en las urnas del 2012 si los iraquíes vuelven a hundirse en guerras interétnicas; o si el poder finalmente es monopolizado por el chiísmo pro iraní de jeques radicalizados como Muqtad al-Sadr; o si el país termina dividiéndose en tres partes como vaticinó el asesor de Bush padre, Brent Scowcroft.

Que el chiísmo expansionista iraní alcance las fronteras de Arabia Saudita, sería una catástrofe geopolítica para Estados Unidos y sus aliados en la región. Y es posible que ese objetivo busque el primer ministro chiíta Nuri al Maliki, quien ni bien se fue el último marine, y mientras estallaban bombas con decenas de muertes, quiso encarcelar al vicepresidente sunita Tariq al-Hashemi.
Todo puede ocurrir en este Irak impredecible. Su contracara es Corea del Norte, donde el fin de año llegó con la muerte de Kim Jong-il y el ascenso de su hijo Kim Jong-un. Nadie sabe nada sobre ese muchachito regordete que tiene menos de 30 años y recibió el poder porque uno de sus hermanos mayores había intentado huir del régimen que fundó su abuelo y por entonces regía su padre, mientras que su otro hermano mayor es homosexual, algo que aborrece el comunismo norcoreano.
De todos modos, el futuro de esa sociedad de autómatas atrapados en uno de los totalitarismos más demenciales de las últimas décadas, no parece depender de lo que piense y sienta el nuevo rey de la dinastía comunista. Importa poco que haya muerto Kim Jong-il mientras vivan los miembros de la gerontocracia de militares que pelearon en la guerra de 1950 contra las fuerzas del general MacArthur. Esa nomenclatura decrépita introdujo la cláusula constitucional que establece que Kim Il-sung es “inmortal” y, por ende, el “presidente eterno” de los norcoreanos, precisamente para limitar el poder de sus descendientes dinásticos, impidiendo que puedan realizar reformas al régimen.

En llamas. La contracara del quietismo norcoreano es la eurozona, una deriva en la que se hunden gobiernos y no emergen certezas. En la Europa 2011 no cayeron izquierdas y ascendieron derechas; cayeron los que gobiernan y ascendieron los que se oponen. Aunque no en todos los casos. Al derrumbe del socialismo panhelénico lo sucedió el tecnogobierno de Papademos, mientras que al derechista Berlusconi lo reemplazó el tecnogobierno de Mario Monti. Ambos, en definitiva, representan las primeras intervenciones federales de Bruselas, decididas bajo el dictat económico alemán. Pero las decisiones del 2011 no despejan el futuro europeo. Quizá, en el año que comienza, Dominique Strauss-Kahn termine agradeciendo a la mucama del hotel neoyorquino, cuya denuncia de agresión sexual le hizo perder la dirección del FMI y la candidatura socialista a la presidencia de Francia. Los efectos de la crisis son tan devastadores para las dirigencias, que hasta es posible que el escándalo que pareció fulminarlo, en realidad haya salvado su futuro político del pantano en el que se hunden los que gobiernan.
Mientras la dirigencia europea apostaba al ajuste para salvar la moneda única, en la deriva comenzó a hundirse el Estado de Bienestar. Los “indignados” son los náufragos de ese hundimiento social. En la Europa continental, el fenómeno se manifestó en forma pacífica, pero en Gran Bretaña, el país que tras la última cumbre ha quedado más afuera que adentro de la UE, los recortes sociales del primer ministro David Cameron provocaron inmensos estallidos de violencia.
En la postal de Londres 2011 hay barricadas, gases lacrimógenos, tiendas saqueadas y autos ardiendo como antorchas. Pero más violenta y extraña fue la postal de Oslo. La serenidad siempre reina en la capital noruega, una urbe que parece existir al margen de las locuras del mundo. También reinaba la calma en el rostro de Anders Behring Breivik, que apareció en los televisores y diarios de todo el planeta. Conservaba su apacible sonrisa de Gioconda, momentos después de haber masacrado a decenas de personas con un coche-bomba y con un fusil. El psicópata entró en trance criminal embriagado por los discursos xenófobos de la ultraderecha nórdica, colocando a la pacífica Noruega en las páginas negras del año que termina.

* Director del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Empresarial Siglo 21.

 

2 comentarios de “Ya nada será igual”

  1. Excelente síntesis, Claudio. Qué fascinante ser testigo de la historia viva! Feliz Año Nuevo y los mejores deseos para Ud. y los suyos!

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