teatro

Un Macbeth exasperado

“Macbeth”, de Shakespeare. Con Alberto Ajaka, Mónica Antonópulos, Luciano Cáceres y elenco. Dirección: Javier Daulte. Teatro San Martín, Corrientes 1530.

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Calificación:

Desde que el hombre tuvo conciencia de sí mismo, la ambición se convirtió en uno de sus rasgos principales. Bien entendida, semejante pulsión lo hizo superar, en pocos siglos, sus propios límites físicos hasta llevarlo a la más sofisticada tecnología. Pero también fue el motor de guerras y luchas fratricidas, una espantosa crueldad que aún en pleno siglo XXI continúa con igual virulencia.

Quizás esta sea la razón, además de su portentosa construcción dramática, para que la vigencia del Macbeth shakesperiano mantenga intacto su interés en el espectador contemporáneo. En la trama, un aquelarre de brujas predice al atribulado protagonista sobre su futuro ascenso dinástico y posterior coronación como rey, pero azuzado por su codiciosa esposa, no dudará en adelantar los pronósticos a través del crimen y la traición. Ante tamaño accionar, servidores y cófrades se verán obligados a ponerse en favor o en contra del mismo; por otra parte, los asesinos, corroídos por la culpa, se precipitarán en la locura y quedarán expuestos.

La obra es tan fascinante como mayúscula al plantear, con minuciosa lucidez, el eterno deseo de poder desmedido que lleva a los hombres por él poseídos, al abismo de no medir sus actos. La nueva puesta que se estrenó generó justificadas expectativas. La mirada de uno de los mejores directores de la escena porteña, el multipremiado y talentoso Javier Daulte (también a cargo de la versión); más los recursos humanos y artísticos del Complejo Teatral de la Ciudad y la posibilidad de reunir a un elenco libre de las presiones habituales en la cartelera comercial, acumulaba suficientes garantías de novedad, rigor y calidad. Lamentablemente, esto sucede a medias.

Estéticamente atractivo, el montaje no ofrece nada singular. Se ha visto innumerables veces la mezcla de épocas en el vestuario, los dispositivos móviles de la escenografía y una atmósfera lumínica que remite a esos ambientes postapocalípticos. Sin embargo, donde se evidencia la mayor falla es en el desempeño actoral, llevado a un registro que apela, casi, al grito pelado y cuyos bienvenidos matices vocales, vaya paradoja, solo afloran con el uso de micrófonos de mano (¿eran necesarios?). Y así como a Mónica Antonópulos la excede el rol de Lady Macbeth, mientras Luciano Cáceres, Julieta Vallina y Agustín Rittano revalidan sus quilates, Alberto Ajaka evidencia también su valiosa aptitud interpretativa, aunque más que reflejar la torturada alma de su compleja criatura, consigue irradiar el enojo constante.
Por cierto, las monigotadas del portero que orina en escena (a cargo del muy buen comediante Martín Pugliese) son totalmente innecesarias.

 

3 comentarios en esta nota

  1. Ailén Casais | 24/02/2013 | 06:06

    Lo mejor de la obra es la puesta en escena, sin duda trabajaron mucho en eso. La dirección de Daulte es maravillosa. La música acompaña muy bien. El vestuario en la mayoría de los casos no armonizaba, varios eran modernos mientras que otros eran de época por lo que creaban distracción, en otros casos podían estar bien para el personaje pero no eran indicados para la escena. Rescato el detalle de que el vestuario de Lady Macbeth fuera rojo, resulta acertado.

    Lo que me llamó más la atención es la fidelidad al guión original. Solo una adptación quitando momentos y personajes poco significativos. En la mayoría de los casos no modificaron el texto original, tanto es así que mientras veía los monólogos de Macbeth y Lady Macbeth podía repetir al mismo tiempo las exactas palabras.
    Al ser una obra de Shakespeare, lógicamente ambientada a otra época. Fue un gran riesgo el que corrieron al decidir usar el vocabulario original. Sin duda un riesgo que no fue desperdicio, en Macbeth no hay palabras que sobren.
    Pero no es una obra que se vaya a ver a la ligera. Digo con esto que supone muy complicado para alguien que nunca la haya leido comprender la obra; mucho menos profundizar en ella, que es algo digno de no perderse.
    Se tomó en cuenta esto último porque pude ver que los programas que se entregan entes de comenzar vienen acompañado de una muy breve pero completa síntesis argumental con los núcleos de la historia de principio a fin. Con esto alguien que no haya leído con atención la obra puede tener una idea del argumento pero costará seguir el hilo de los diálogos.
    Sin embargo no presenta un problema ya que al nombrar Macbeth, el público ya conoce la historia.

    En cuanto a las actuaciones, uso de los personajes, dirección y demás:

    Lady Macbeth: No existe actriz que no anhele los textos de Lady Macbeth, sobre todo sus monólogos tan cargados de dramatismo. Tanto como es deseado este personaje, también es difícil de representar. Debo decir que Mónica Antonópulos lleva bien al conocido “personaje de Macbeth que es más malo que el mismo Macbeth”. Por momentos, sobre todo a mediados de la obra, no dejaba apreciar diálogos tan profundos, salvo esto su actuación resulta casi impecable; destacándose al final, en la escena I del acto V según el original.

    Macbeth: Llevar el protagónico de una de las más importantes obras de Shakespeare es un gran peso que no cualquiera puede cargar. Esto parece demasiado para Ajaka; quien no le hace justicia a su personaje.
    No es que su actuación sea muy mala, es que el personaje y los textos le quedan grandes. Además su trabajo cuenta con errores visibles que debería solucionar. Uno de ellos es la proyección de la voz, por momentos baja, por momentos gritando, y la mayoría del tiempo con volumen correcto pero con mala modulación; cosa que, con vocabulario poco cotidiano como el de esta obra, marca una diferencia.

    McDuff: Viniendo de Cáceres, honestamente esperaba más. No quiere decir esto que su actuación no sea buena, todo lo contrario. Sin embargo no era heterogénea, tuvo escenas buenas y otras no tanto, hubo momento que podían haberse aprovechado mejor.

    Banquo: El trabajo de Agustín Rittano es correcto simplemente. Bueno aunque sin destacarse.

    Las brujas: Otra de las mejores cosas de la obra son estos 3 personajes que dan comienzo a la obra. Las brujas aqui fueron modernizadas, se puede ver en sus vestuarios. Los oráculos se mueven en una coreografía (aplausos a Carlos Casella) que da referencia a un reloj, un detalle que me pareció impecable; e incluso cuando no están bailando sus movimientos entrecortados se pueden relacionar rápidamente con el tick-tack de las agujas. El tono y forma de hablar de las actrices, y también como se complementan trabajando juntas me parece digno de mención.

    El portero: Personaje analizado de Macbeth si los habrá. Antes que nada hay que explicar que en la tragedia de Shakespeare, intercala escenas de gran potencial dramático con otras más tranquilas, siendo estas últimas las de N° par (escena I las brujas en el páramo, escena II Duncan y demás alabando a Macbeth, escena III Macbeth y Banquo con las brujas, etc…). Se ha hecho muchas veces la pregunta, ¿Por qué el portero, un personaje sin relevancia, tiene este texto? ¿Por qué una escena completa? ¿Por qué se da tiempo e importancia a este? y sobre todo ¿Por qué comedia en medio de una tragedia?. La escena del portero se encuentra después de una escena cargada de drama, y antes de una escena importante para el transcurso de la obra. Las respuestas a las preguntas resultan bastante sencillas, y en la adpatación de Daulte, el mismo personaje rompe la 4ta pared y las responde. El objetivo de esta escena es brindar alivio al público luego de tal tensión y dejarlos suspirar antes de la próxima escena. Shakespeare fue un precursor en la época del teatro isabelino, donde comenzo a permitirse mezclar géneros teatrales, no era algo común, por eso el humor del personaje borracho y burlón contrasta con el drama. El comienzo de la escena muchas veces eliminada en las adaptaciones no es más que eso, un pasaje.
    La adaptación de Daulte no hace mas que cambiar los chistes del texto original por otros más actuales y le agrega (irónico adrede) frases como: “el portero es un personaje secundario, sin importancia”. Realmente es un personaje nada relevante para con la historia, en el texto original se despide de su monólogo diciendo “no se olviden del portero”.
    En la función a la que asistí tuve la oportunidad de ver, no a Pugliese sino a Pablo Picotto en la interpretación. El uso y adaptación de esta escena es realmente acertado, aunque un tanto exagerado y ocuapando el doble de tiempo que se merece antes de convertirse en una distracción.

    En conclusión, la obra es recomendable; con elementos que destacan y otros que no… como es de suponer en una obra.

  2. Horacio | 15/02/2013 | 11:15

    Ajaka sigue realizando sus parlamentos un tanto apurado y gritando enojado; no transmite otra cosa. Antonópulos se maneja con bastante seguridad; los anacronismos tales como el empleo de armas modernas, y custodios al estilo de los que se ven en cine y tv, al tiempo que se habla de batallas pretéritas y armaduras, no añaden nada, por el contrario restan; no siempre el “agiornamento estético ” agrega valor a las obras; particularmente en esta puesta no se da. En cuanto a las críticas relativas a la innecesaria y vulgar escena del portero, evidentemente no han hecho mella en la dirección, dado que el pasaje subsiste. Ví la representación el 14 de febrero.

  3. Me produjo estupor la escena del portero orinando en medio del escenario, algo totalmente fuera de lugar y de contexto. Tampoco me gusto la voz y la dicción de Alberto Ajaka. Me parece que Javier Daulte está sobrevaluado por la crítica.

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