Libros / 6 de enero de 2012

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En un lugar cruel y despojado

“Los cuentos siniestros”, de Kobo Abe. Eterna Cadencia, 154 págs. $ 69.

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El recién terminado 2011 se caracterizó en el ámbito editorial argentino por la brusca aparición, en pocos meses, de varios títulos fundamentales de autores relacionados con lo fantástico y lo extraño. A libros de Robert Aickman (“La desaparición”) y Arthur Machen (“La gloria secreta”) se agrega ahora esta demorada y bienvenida traducción de relatos del japonés Kobo Abe. Para ubicarlo bastaría con citar “La mujer de la arena”, en especial su traducción al cine en la película del mismo nombre, justamente convertida en título de culto.
En el cuento japonés, la figura de Ryunosuke Akutagawa es tan central como pueden serlo Quiroga o Borges en el Río de la Plata. Un codiciado premio lleva su nombre, y fue obtenido en su momento por Kobo Abe. Otra marca fuerte fue su suicidio, repetido por otros nombres del siglo XX: Mishima, Kawabata, Osamu Dazai y otros. En inglés se conocen ocho novelas de Abe. En castellano durante mucho tiempo solo se agregaba “El rostro ajeno” a “La mujer…”. A partir del 2010 se sumó “Idéntico al ser humano”.
Leer a Kobo Abe no deja indemne. Tiene un estilo más bien seco, minucioso, incluso kafkiano. Pero lo que narra es tan fuerte en su materia argumental, o en su fría crueldad, que recuerda al Agutagawa final (el de “Los engranajes”) o a la misantropía salvaje de un Jonathan Swift, el de los consejos sobre ingerir niños pobres para resolver una hambruna.
Así ocurre en “El Grupo de Petición Anticanibalista”, donde tres pulcros caballeros defienden su derecho a comer gente. Otro territorio cultivado por Abe es el de una ciencia ficción muy particular: en “El huevo de plomo” el despertar de un durmiente muchos siglos después lleva a pensar en una Humanidad que ha retrocedido, hasta que una vuelta de tuerca final cambia los dados.
En otros casos, como “El pánico”, “El perro”, “La muerte ajena” (un típico cuento policial invertido) o “Al borde al abismo”, surge la extrañeza desnuda de Kobo Abe. Si bien nació en Japón, estuvo mucho tiempo en Manchuria, acompañando a su padre médico, y ese territorio entre desértico y poco conocido parece haber sido el crisol de una de las personalidades literarias más geniales y difíciles de explicar por medios críticos sociales, psicoanalíticos o estilísticos. Como Akutagawa, está al costado, en otro lugar.

 

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