Costumbres / 12 de enero de 2012

Verano 2012

Twitter con champagne

Una temporada casi menemista donde el show off es record. Moda, redes sociales y tragos en la playa. Fiestas privadas y el destape masculino.

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Los paradores exclusivos son tendencia, con piscina y camastros.

Ella juega con su sombrero mientras acaricia el pelo de su amiga. Con sus lentes Ray Ban aviadores nadie nota que observa cómo la miran. Él cae a la playa, con sus amigos. Lleva una heladerita repleta de alcohol en una mano y un smartphone en la otra mano. Se instala cerca, acomoda sus ineludibles gafas y se cruza de brazos, parado, con las piernas levemente abiertas. Y observa. En este verano se animó a más: no llegó a la sunga, pero sí a al traje de baño ultraajustado. En unos minutos, con extrema sutileza, se atreverá a pedir un “pin” de BlackBerry. No tendrá éxito. No, al menos, hasta descorchar su champagne, unas horas más tarde.

La escena sucede una tarde agitada en la parador Bikini, Montoya, en Punta del Este. Pero podría ser una imagen de cualquier día de verano en cualquier destino de la Costa. La arena, en la temporada 2012, se ha vuelto una zona más propicia para la ostentación y la autoadulación que para la seducción. Todo parece natural, pero está milimétricamente pensado para venderse a uno mismo, más por el placer hedonista de recibir miradas que por conquistar “pines” que sean una puerta para el amor. La gente se comunica más en las redes sociales que en los encuentros cuerpo a cuerpo. Es el eterno retorno de la histeria veraniega. Desde la ambigüedad de ellas, vestidas para la guerra pero con pose de inalcanzables. A la sobreproducción de ellos, amantes de sus propios cuerpos y proveedores de los elíxires etílicos de un verano ardiente, tal vez única vía de sociabilidad playera que subsiste.

Punta exclusivo

Ya sea desde la estética como desde la búsqueda casi filosófica del placer, en Punta del Este, la palabra clave es la exclusividad. Las marcas se han dado cuenta de esa necesidad y dieron un claro paso atrás en la invasión de los espacios para el relax. Ahora fidelizan. Y todos resultaron fieles. El parador HSBC, en José Ignacio, con beneficios exclusivos para clientes, da cuenta de ello. Los camastros que ofrece exigen reservas diarias hasta con días de anticipación, un beneficio que, para el resto de los mortales, implica tasas brasileñas para pertenecer, a razón de mil dólares la tarde. Mercedes-Benz fue más allá y armó su Casa de Playa, con servicio de playa, catering y barra de tragos permanente, piscina y estacionamiento para clientes. Un oasis de exclusividad que resultó un éxito del marketing. El resto de las apuestas en playa resultaron adversas en este verano etéreo, donde los cuerpos son protagonistas.

 

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