Radio / 27 de Enero de 2012

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El aire de la costa

“El sillón de Rivadavia”. Conduce: Ricardo Guazzardi. Carla Ruiz, Néstor Sclauzero, Marcelo Casares, Camila Abrahan, Alejandro Avancini. AM 630, Radio Rivadavia, lunes a viernes, 15 a 17 horas.

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Antes que nada, una aclaración: la radio no se escucha apoltronado (como suele suceder con la TV). Se enciende en el automóvil, el transporte público y hasta para dormir. Se intentará, entonces, por una vez, comentarla tal como sucede. Dentro de una estructura vivencial. Y para eso se grabaron ocho programas que fueron escuchados, con las peripecias del caso, en un viaje de un díaen micro, Retiro-Miramar-Retiro.
Ricardo Guazzardi es muy buen conductor, arquetipo de una clase en extinción llamada “animador” (conducen, seducen y hasta leen publicidad). Igual que los relatores deportivos (el gol no se informa, se grita), ellos viven del énfasis, aquello que los griegos antiguos condenaban (una desmesura emocional que malogró a Ícaro, Paris o Prometeo). Por eso, el exultante “animador”, más que leer la temperatura, la vocifera (y la ola de calor lo justifica). Miren ustedes si será intenso el tránsito de la autovía que, hasta Chascomús, tramo que siempre se hace en una hora y 40, ya se escucharon tres programas. O sea: cuatro horas justas, sin tandas ni informativos.
Es tan entretenido Guazzardi, que muchos oyentes no advertirán que está transmitiendo solo, desde un pequeño estudio en Punta Mogotes, con la ayuda de un operador. Y que toda la comunicación (con el resto del equipo, que está en Buenos Aires), la maneja con el oído. Y sin baches. Un maestro.

Suele ilustrar la información con temas musicales en español, aunque incompletos y en ramalazos. Y saca uranio de cada entrevista: Carlos Aimar (ex futbolista) profundiza la temática del desarraigo del jugador en el extranjero; un nieto de pescador cuenta de qué manera su abuelo rescató del mar a Vito Dumas (el navegante solitario). Y por supuesto, caen también naderías: se comenta que alguien fue picado por un agua viva y, Paz Martínez (poniendo voz de catedral), dice que “aquel que no ama su perro, no conoce el amor” (N. del R.: ¡Guau!).
Km. 203. Pasajeros con sed. Micro no para en la ruta. “Porque bebidas hay en la terminal de Mar del Plata”, dice el chofer. Y ofrece agua y café: ambas tibias). En tanto, Néstor Sclauzero, el columnista político, se interesa por ser objetivo. Pero también en acotar lo suyo y darle pie al conductor. Carla Ruiz, la locutora, se muestra eficaz y, fingiendo voz de mojigata, atropella como un delantero de Nigeria: “Ricardito, los chicos quieren que me coma la galletita…”, dice, por ejemplo. Marcelo Casares sigue los deportes y acierta alguna primicia, mientras Alejandro Avancini, a cuatro manos, maneja los controles a más de 400 kilómetros del piso.
Hay temas importantes: cómo llevar la cultura a los barrios humildes de “la otra Mar del Plata” y, además, una entrevista en la que Manuel Callau explica de qué manera se integra el “teatro-arte” a la ciudad. Hay también notas majaderas (“reportaje a un camello”) y otras muy divertidas (las imitaciones de Fátima Florez).
Ya de regreso: hace dos horas que el micro está varado en una banquina de Viboratá. Pero nadie debería pensar que este es un dato ajeno a la columna: sin el entretenimiento de Guazzardi, tantos perjuicios no podrían soportarse.

 

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