Televisión / 3 de Febrero de 2012

Televisión

El groncho y la dama

“Dulce amor”. Telenovela. Lunes a viernes a las 22.30, por Telefe. Elenco: Juan Darthés, Sebastián Estevanez, Laura Novoa y Carina Zampini. Producción general: Diego Estevanez. Dirección: Hugo Alejandro Moser y Mauro Scandolari.

Por

previsible. Zampini y Estevanez, Darthés y Rivero (ab), amor sin barreras (de clases).

Qué error imperdonable estuve a punto de cometer. Ante el primer capítulo de la nueva tira de Quique Estevánez, supuse estar ante una parodia, es decir, una imitación burlesca que caricaturiza a una persona, una obra de arte o una cierta temática, como dice el diccionario. Todo el melodrama, el costumbrismo y los estereotipos de clase estaban expuestos de manera tan brutal y subrayada que solo una mente lúdica, casi capusottiana, podía permitirse semejante chiste. Continué en mi afán de divertirme, pero pronto salté a tiempo del malentendido sobre la ficción, la realidad y en qué estamos pensando cuando miramos tevé. Y en qué piensan los que la hacen, como el creador de “La ley de amor”, “Herencia de amor”, “Se dice amor”, “Amor en custodia” y ésta, la última, “Dulce amor”.
En un principio, era un proyecto para la tarde al que Telefe mandó a la frontera del prime time a ponerle el pecho a las balas. Parece que el volantazo fue acertado, ya que las mediciones de audiencia han favorecido a este flamante y viejo producto, un culebrón tradicional con disfraz aporteñado de comedia. Hay una familia rica, dueña de una empresa de golosinas, formada por tres hermanas (Carina Zampini, Calu Rivero y Rocío Igarzábal), una madre (María Valenzuela, con pelo blanco, pañuelos en el cuello y bastón), una cocinera (Graciela Pal) con un nieto ladronzuelo y seductor (Nicolás Riera) y un mayordomo gay (Jorge Sassi, el que mejor entiende de qué se trata lo que está haciendo).
En el mundo de opuestos y complementarios, no podían faltar las familias de clase media baja, duchas en el arte de lo popular, a saber: usar camisas engrasadas full time, cocinar pastafrola, vociferar en algún patio florido y oscilar entre la honra de ser pobre y el deseo de ya no ser. Hay una madre sin marido que da clases de salsa (Georgina Barbarrosa), un hijo corredor de autos que será el chofer simpático de las ricachonas (Sebastián Estevanez) y una hija adolescente harta de no tener sandalias nuevas (Micaela Vázquez). La otra familia la integran un mecánico desocupado devenido “shofer” -como dicen los bienudos- (Juan “no me afeito ni me peino” Darthés), casado con una ama de casa que se niega a trabajar fuera del hogar (Laura Novoa le da crédito a este ser en extinción). También hay un kioskero malhumorado porque la vida lo engañó (Arturo Bonín). Y los malos son el novio de Victoria (Zampini) y la secretaria de la empresa (Segundo Cernadas y Sol Estevánez).
En nombre del amor, las diferencias sociales estallarán entre Zampini y ese inexplicable actor que es Estevánez, entre Darthés y Rivero, Igarzábal y Riera y, quizás, Bonín y Valenzuela. Hay un mérito indudable: el ritmo de la narración transmite empatía hacia estos personajes obsoletos, que parodiados serían perfectos.

 

8 comentarios de “El groncho y la dama”

  1. ¿Quién escribió esta obviedad? ¿Un pasante que acaba de descubrir a la Escuela de Frankfurt a través de algún seudo-resumen? (Y estoy siendo generosa). No se puede pedir originalidad a la televisión desde una crítica hecha a base de lugares comunes.

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