Música / 17 de febrero de 2012

Selena Gómez

Princesa de apellido mexicano

La norteamericana Selena Gómez volvió a la Argentina. Presentó su tercer disco ante mucho público.

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Entró al edificio por la terraza, como sucede muchas veces con algunos ídolos juveniles. Desde el emporio Disney se convirtió, en pocos años y sin examen de ingreso, en una figurita admirada por niños y adolescentes, sobre todo del género femenino. Participó con lugares destacados en series y películas de gran éxito, con “Hanna Montana” y “Los hechiceros de Waverly Place” a la cabeza. En poco tiempo también se transformó en cantante pop y hasta se la bautizó como una nueva princesa . Ha participado ya en una veintena de filmes y programas de televisión y grabó tres álbumes.

Con sólo 19 años, tuvo una explosiva exposición mediática y se ha publicitado su romance con el aún más gurrumín Justin Bieber. Y la Argentina, fiel consumidora de este tipo de productos, no ha quedado ajena al fenómeno. El año pasado ya había actuado en GEBA con excelente repercusión. Y ahora repitió la experiencia, con su tercer disco “When the Sun Goes Down” bajo el brazo, en el mismo club a estadio lleno y en el Orfeo Superdomo de Córdoba.

Selena Gómez cumple con buena parte de la fórmula. Es joven, con una belleza de catálogo, delgada y sexy pero a la vez aniñada. Se rodea de músicos profesionales de una banda clásica –guitarra, bajo, teclado y batería- a la que ha bautizado The Scene, que incluye además coristas y bailarinas.

Hace discos bien terminaditos, con canciones originales y sólo excepcionalmente con algún “cover”. Tiene una voz aflautada, no particularmente virtuosa, que le alcanza para cumplir con su objetivo. Muestra un show que no sobresale de la media –no es ni de cerca lo que se ha visto en nuestro país con infinidad de figuras internacionales y aún nacionales-, pero es suficiente para lo que parece requerir su público. Es que allí, en esos miles de mujercitas, aún de edades pre-escolares, está el meollo del asunto. Son ellas las que gritan enloquecidamente, las que ovacionan a su ídola, las que consumen ávidamente el merchandising, las que arrastraron a sus madres y abuelas a pagar entradas muy caras para estar en el show de una de las tantas princesas del pop actual. La historia hablará del resto.

 

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