Libros / 24 de Febrero de 2012

Libros

Una guerra perdida

“La gloria secreta”, de Arthur Machen.
La bestia equilátera, 310 págs. $ 89.

Por

El gran Arthur Machen, considerado “el padre de la ficción sobrenatural contemporánea”, fue leído y apreciado muy tempranamente por Borges, fue una influencia poderosa sobre H. P. Lovecraft, vivió muchos años (84), tuvo muchos altos y bajos (esposas muertas, momentos de reconocimiento, tramos de oscuridad total) y perdió su guerra personal contra los tiempos modernos.
Se consideraba galés, odiaba la sociedad, el protestantismo y sobre todo la “educación” pública inglesa (él habría incluido las comillas). Recreó como nadie las realidades místicas y mitos de su tierra, exploró el ocultismo, y escribió algunos de los mejores relatos de horror de lengua inglesa: “El gran Dios Pan”, los relatos entretejidos de “Los tres impostores”, “El gran regreso”, “El pueblo blanco”. Su novela “La colina de los sueños”, evocativa y depresiva a la vez, es considerada su obra maestra.
“La gloria secreta” tiene puntos de contacto con ella. También es nítidamente autobiográfica y tampoco emplea el recurso del “relato enmarcado” (por una conversación entre amigos, eruditos o caminantes) que aparece a menudo en sus relatos de lo sobrenatural. Como novela es despareja, desordenada, “baja línea” con demasiada frecuencia.
Hay tramos de gran vigor, como la sádica paliza “educativa” inicial, contada con la nitidez de la experiencia. Muchas de sus páginas más apasionadas e iracundas tienen que ver con sus opiniones sobre el mundo inglés moderno y su error: dejar atrás la naturaleza y emprender el industrialismo. La clase media recibe algunos palos, sus condiscípulos deportistas algunos otros.
En el otro extremo está el mundo numinoso del bosque y los cerros, que le hizo conocer el padre, incluido el Santo Grial. Allí abundan las citas de poemas más bien anodinos en su traducción, y un tono religioso extasiado, refulgente, empalagoso, que le quita vigor al estilo.
En el último cuarto del libro Ambrose Meyrick huye a Londres con una mujer, y Machen despliega, como en tantos otros relatos, su sutileza para captar los rincones ocultos, los personajes esquivos y el aura de la gran ciudad.
A lo largo del libro crece la promesa de un Vía Crucis del protagonista. Pero recién llega en algunos apurados párrafos finales. El verdadero está en “La colina de los sueños”. Cuando su prosa brilla entera, esas páginas (varias decenas) compensan con exceso el desorden general.

 

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