Política / 2 de Marzo de 2012

A nuestros lectores

Fuera de servicio

Excusas. La Presidenta y el alcalde hablaron mucho de plata y poco de vagones parados.

El fin de la temporada de vacaciones de verano marca el arranque real del año, cuando las promesas y los sueños pasan el filtro de la realidad. O no. Los dos gobiernos más exitosos, en términos electorales, de la Argentina, acaban de inaugurar sus respectivos ciclos legislativos inventando excusas para tapar sus fracasos en prestar los servicios que la comunidad (los votantes, los contribuyentes) espera y necesita. Tanto la Presidenta como el jefe de gobierno porteño se dedicaron a lamentarse de los millones que no han recibido o de los millones que han tenido que gastar, con la furia y la soberbia de quien habla de dinero o recursos propios. Cristina Fernández y Mauricio Macri olvidaron –o al menos así sonaron sus discursos de apertura de sesiones parlamentarias– que se referían al dinero de todos los argentinos, esos que hoy no saben a quién reclamarle por los subtes parados y por los trenes rotos, desbordados y demorados. Y por los muertos en un accidente evitable.

Ambos mandatarios abusan de un recurso que, en otras circunstancias, sería lógico y razonable: echarles la culpa a los otros. La Presidenta y el alcalde gozan de un privilegio que a la vez los limita: ya llevan varios años de gestión, con un poder refrendado por sendas reelecciones. Es decir que toda queja –como lo dijo la propia Cristina en su discurso– está fuera de lugar como funcionarios. Sin embargo, ambos se refugian diariamente en el argumento de la herencia recibida, llegando a la irresponsabilidad macrista de “devolver” los subtes como si jugara a la mancha venenosa, o al absurdo cristinista de responsabilizar al corralito de Cavallo por la tragedia de Once. Lejos de sus preocupaciones queda la simple y republicana idea de servicio. Aunque ambos mandatarios se llenan la boca con la eficiencia –uno por su formación ingenieril y corporativa, la otra por su fascinación con “el modelo”–, ninguno le hizo justicia al mandato tácito de los votantes y contribuyentes, que esperan que, de una vez por todas, los servicios por los que pagan funcionen.

 

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