Personajes / 2 de marzo de 2012

Ramón de Oliveira Cézar (58)

“Hay que superar el eurocentrismo”

Dejó trabajo y familia para cumplir un sueño: hacer la Ruta de la seda en moto. Cultura multiétnica y una disputa con mongoles.

Aunque cueste creerlo, hubo un tiempo en el cual Ramón de Oliveira Cézar trabajaba en una oficina de 9 a 18. Hoy se define como un “nómade de alma” y lleva dos viajes a través de parajes remotos de Asia, pero fue el típico trabajador de una empresa de servicios, casado y con hijos. “Me casé joven y tuve tres hijos, luego me divorcié. Al tiempo me volví a casar y tuve dos hijas más. Ejercí mi profesión de contador, hasta que en el 2008 decidí cambiar de rumbo y poner en marcha una fantasía que tenía desde chico”, cuenta. ¿En qué consistía este sueño? En seguir el camino de la legendaria Ruta de la seda en moto.

Noticias: ¿Por qué nació este deseo?

Ramón De Oliveira Cézar: Lo tenía desde los 13 años. Soy de una generación que no tuvo televisión, así que necesariamente los héroes surgían a través de la lectura, y uno de ellos fue Alejandro Magno. También tenía fascinación por la historia de Troya, y de más grande leí sobre Genghis Khan y la Ruta de la seda. Eran marcas de una fuerza enorme para mí.

Noticias: ¿Y cómo fue el momento en el que se decidió a hacer el viaje?

De Oliveira Cézar: Primero viajé en moto con amigos, por la Argentina, el sur de Brasil y Uruguay. Sin embargo, sabía que quería hacer un viaje tipo iniciático y que debía ser solo. Quería depender del lugar, de la gente, el contacto real.

Noticias: ¿Qué le decían en su casa?

De Oliveira Cézar: Bueno, me separé (ríe). Mi mujer me dijo que eso no lo soportaba. Y yo no soportaba que nadie me limitara mis proyectos a esa altura de mi vida. Siempre había soñado con esto, mi biblioteca está poblada de libros de viajes en moto y todos mis escritos relataban esas ganas. Pero mi ex mujer nunca se imaginó que efectivamente lo haría. Mis cinco hijos, en cambio, valoraron mucho el viaje porque sintieron que también lo hacía por ellos. Era como decirles que uno puede llevar a cabo los sueños, no hay imposibles.

 

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