Personajes / 30 de Marzo de 2012

Cristina Banegas (63)

“Aún tengo miedo de olvidarme la letra”

Actriz, cantante y directora de teatro, impacta con “Molly Bloom”, el monólogo de Joyce. Psicoanálisis, amores y cuentas pendientes.

La pobreza es la fuente de los problemas sociales, en la medida en que salud y educación no sean un bien social común va a ser muy difícil poder tener seguridad en el país

A veces, encontrar un pasaje de Palermo viejo puede transformarse en una odisea. Más aún, cuando el apellido del buen coronel es muy similar al de otra calle palermitana. La casa de Cristina Banegas se abre a un living con una biblioteca llena de libros, cds y portarretratos, seis o siete orquídeas, sillones y varias mantas traídas de sus viajes repartidas por doquier. Atrás, un parque con una pequeña piscina. La dueña de casa revisa su cartera hasta encontrar el delineador. Se maquilla un poco, no demasiado. Reconocida actriz de teatro clásico, con un Martín Fierro como mejor actriz de reparto en la tira “Tratame Bien”, luego de arremeter con la dirección de “Cántico espiritual” –un concierto de música barroca a cargo de una organista uruguaya, donde ella interpretaba la poesía de San Juan de la Cruz– y de ser ovacionada de pie con “Medea” en el Teatro San Martín, hoy deslumbra con “Molly Bloom”: un monólogo de 57 minutos basado en el capítulo con que culmina el “Ulises” de James Joyce. En el Centro Cultural de la Cooperación, de pie, detrás de un atril, Benegas irá convocando sensaciones, recuerdos, desenfrenos, el monólogo interior de la aguda y encendida Molly.

Noticias: Ese fluir de la conciencia adquiere velocidad de vértigo: es una clase de teatro.

Cristina Banegas: Molly es la música de la cabeza de una mujer: canta, recuerda fragmentos de canciones, se emociona, se ríe, se erotiza, se enoja. Hace 45 años que hago teatro y celebrarlo haciendo “Molly Bloom” es, sin duda, la fiesta más difícil. Porque no es solamente la “puesta en boca” del pensamiento de Molly, es traducir, interpretar la absoluta falta de censura con la que Molly piensa en su noche de insomnio, la libertad con que expresa sus fantasías sexuales, sus teorías sobre los hombres y el amor. La intimidad de ese monólogo interior hace de Molly una Penélope liberada de la moral victoriana, que “empieza y termina con la palabra femenina SI”, según escribe Joyce en una carta a Frank Budgen. Y esta gran afirmación “femenina” es una celebración de la mujer.

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