Teatro / 30 de marzo de 2012

teatro

Lecciones de vida

“Master class” de Terrence McNally. Con Norma Aleandro y elenco. Dirección: Agustín Alezzo. Teatro Maipo, Esmeralda 443.

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Esa voz soy yo…”, exclama el personaje al oír una grabación del pasado que reproduce su propio instrumento en el pináculo de la fama. Cuando disponía de todos los recursos vocales y técnicos intactos y transmitía la intensidad emotiva de un fuego interpretativo cuyo fulgor encegueció al mundo, pero que en la realidad del presente se apagó para siempre. Es en este momento donde los espectadores tenemos la íntima certeza de estar ante un milagro escénico, que emociona y apabulla por igual: Norma Aleandro es María Callas, o quizás, Callas se apoderó de Aleandro. Cualquiera sea la respuesta, el sortilegio está logrado con creces.
Tan solo una actriz colosal, cuyo talento está más allá de cualquier adjetivo elogioso, es capaz de alcanzar semejante prodigio. La máscara perfecta, el cuerpo armónico, las manos que se mueven como pájaros, una mirada feroz, los tonos al decir, se conjugan en una labor ideal y transforman su actuación en un arte hermano de la poesía. Hay que agradecer entonces la idea de reponer un montaje, dieciséis años después de su inolvidable estreno porteño, casi con el mismo equipo y producción, aunque en una bienvenida y muy distinta versión (en la cual resultaría injusto no reconocer el impecable desempeño de Lucila Gandolfo y la elocuencia lumínica de Tito Egurza).
Si en aquel momento la insoslayable maestría del gran director Agustín Alezzo pudo sortear la levedad dramatúrgica con rítmica e inteligente grandilocuencia, ahora elige poner el acento en un minucioso trabajo psicológico, donde el despotismo y la crueldad de la protagonista se alternan con su desolación y fragilidad.
Recordemos que McNally toma como pretexto argumental las clases magistrales que la famosa diva de la ópera dictó, durante 1971, en la encumbrada Academia Juilliard de Música, en New York, a un limitado número de alumnos de canto. Los tres jóvenes estudiantes (dos sopranos y un tenor), aterrorizados y fascinados en dosis pareja, acompañados por el tímido pianista, enfrentan la disyuntiva de sucumbir ante la autoritaria profesora (solo un utilero desdeña sus caprichos) o salir beneficiados por sus enseñanzas.
Porque de eso se trata esta propuesta, de lecciones de vida. Más que útiles para cualquier aspirante a actor o cantante, e incluso para quienes ya dan pasos (primeros o muchos) en esas carreras. Basta citar algunas frases para justificar el consejo: “El corazón es algo que los artistas llevamos en la manga para dejarlo sobre el escenario”, o “Las lágrimas no le van a servir ni conmigo ni en la profesión ni en el teatro, solo el estudio, la disciplina y el coraje”.  Sin duda, Callas las aprendió con aguda observación, dolorosa autoexigencia y la conciencia de sus propias contradicciones como ser humano.
En suma, un espectáculo imperdible.

 

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