Arte / 30 de marzo de 2012

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Perfume francés

“Aire de Lyon”, Fundación Proa. Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca. Martes a domingo de 11 a 19. Entrada general: $ 12.

Por

Aire de Lyon”, en Fundación Proa, es una selección de 35 de los 78 artistas participantes en la 11ª Bienal de Lyon (2011). “El título de la muestra es acertado porque el ‘aire de Lyon’ está en Proa”, dice Orly Benzacar. La curadora Victoria Noorthoorn eligió a estos artistas para que exploren “el estado actual de urgencia en el mundo y en las artes. Tanto la Bienal como esta exposición parten de la base que la imaginación es el primer motor de emancipación y el medio principal del conocimiento”. Cerca de la vida, las prácticas artísticas contemporáneas provocan maravilloso asombro como enervante desasosiego. El espectador debe darse el lujo de analizar sin ataduras los sentimientos, las ideas o el disgusto que le sugieren los trabajos. Buena parte de las obras fueron realizadas aquí para el sitio específico de Proa, que se encuentra literalmente envuelta por fragmentos de poesía de Augusto de Campos, las “interrupciones” de Garrett Phelan con pintura industrial sobre paredes de las escaleras y por los 3.000 km de hilo negro de algodón de “La bruja 1”, de Cildo Meireles. Brotan de una escoba de madera, rodean otras obras, trepan por las paredes, cuelgan del techo. Meireles apunta que la obra habla “del caos y el orden”, que inesperadamente proviene de un útil y poco sorprendente “elemento doméstico que adquiere una escala enorme”.

El arte contemporáneo provoca tanto desconcierto como incredulidad en algunos que se niegan a pensar que una bolsa de consorcio, colgante y mecida por un mecanismo oculto, es considerada como obra. Sin embargo, “Sin título” de Eduardo Basualdo despierta temor tanto como deseos de conocer su misterio. Reclama atención por su intrigante simplicidad, su evidente fragilidad y por su enigmático significado. ¿Qué y por qué se mueve lo que se esconde en la bolsa? ¿Es un animal vivo o un espíritu pícaro?
Igual sencillez material hay en la obra de Jorge Macchi, que desafía la percepción y modifica la visión de lo habitual. Discurre sobre la angustia y la fugacidad, proyectando sobre la pared un reloj cuyas agujas no despegan de “10:51” porque las agujas se topan ilusoriamente con el techo. Lejos de lo espectacular, en el video “El arte de la retórica manual”, José Alejandro Restrepo cruza historia y análisis del lenguaje corporal al presentar en un aparato de TV a quien parece ser un político hablando; sus palabras no se oyen pero sí sus golpes de puño .sobre una mesa.
Los aparatos que integran el trabajo de Robert Kusmirowksi se expanden en planta baja. Parecen mecanismos que describen distintos pasos relacionados con la energía eléctrica. Se los puede ver a través de varias ventanas. La última es pequeña y de vidrio opaco, junto a ella hay un botón rojo. Tras pulsarlo, la sorpresa. Entre las instalaciones monumentales se encuentran dos relacionadas con el conocimiento como la de Erick Beltrán y la de Eva Kotátková: “Máquina de re-educación”. Somete a los libros a distintos procesos, y más, para romper con “los patrones de comunicación” que fuerzan “opiniones” e imponen “normas sociales a la gente”.

 

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