Arte / 20 de Abril de 2012

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Con pasaporte

“Palabras, imágenes y otros textos”. “Diseño Industrial”. MAMBA, Av. San Juan 350. Lunes a viernes, 12 a 19; sábados, domingos y feriados, 11 a 20.

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Hace ya más de un año que el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, MAMBA, reabrió las puertas de su sede de San Telmo, tras una extensa renovación y expansión (aún en proceso) de la antigua fábrica tabacalera Nobleza Piccardo. No solo, al decir del ministro Hernán Lombardi, dejó de ser un museo fantasma y terminó con su itinerancia (tuvo siete sedes), sino que ahora tiene un abultado pasaporte.
Se acaba de presentar el completo volumen, “Museo de Arte Moderno de Buenos Aires”, que compendia los 56 años de existencia de MAMBA a lo largo de 448 páginas con generosas ilustraciones y un sobria portada. Esta memoria institucional es una apasionante historia del arte argentino y del contexto internacional. Documenta las exposiciones y actividades del museo –así como las corrientes artísticas y ciertos vaivenes de la historia nacional–, fundado en 1956 gracias al impulso de Rafael Squirru. Al final de cada ejemplar del libro, con traducción al inglés –publicado gracias a la Ley de Mecenazgo, Fundación YPF y Banco Patagonia–, se encuentra un código con el que se puede ingresar a Datamaba. Es un catálogo razonado virtual del universo MAMBA; todo un tesoro al que se accede también inscribiéndose por internet.

Además de los capítulos dedicados a las vertientes figurativas de la colección, a la abstracción constructiva, a la materia y el gesto, una parte está dedicada a “Un recorrido histórico, el MAMBA y el Diseño Industrial”. El museo desde sus inicios “previó la importancia de la disciplina”, afirma el Arq. Ricardo Blanco, curador de la actual exhibición “Diseño Industrial” y editor del libro que acompañó la inauguración de la exhibición, “Diseño Industrial Argentino” que condensa la historia del buen diseño y los diseñadores de la Argentina. Las 80 piezas de patrimonio, nuevas adquisiciones y potenciales donaciones desplegadas en la gran Sala Subsuelo (por favor, un diseñador ahí para señalizar adecuadamente el camino a la misma), dan cuenta de la creatividad y del entrenamiento local. Algunos brillantes productos coinciden con los desplegados en “Diseño Argentino Contemporáneo”, en el Instituto de Arte de UADE, elegidos también por el arquitecto Blanco.

La instalación “Dos sombras” de Aili Chen –misteriosas brumas y resplandores en las paredes a partir de dos minúsculas casitas que se yerguen en el espacio–, fue recién inaugurada junto con “Palabras, imágenes y otros textos”, con la colaboración de Centro de Arte Contemporáneo Luigi Pecci y Collezione Carlo Palli y Embajada de Italia e instituciones afines. Reúne obras de “poesía visual” de artistas italianos e internacionales del movimiento Fluxus (Joseph Beuys, John Cage, Allan Kaprow, George Maciunas, Yoko Ono, y otros), en diálogo con piezas de artistas argentinos, varios de los cuales tienen ancestros italianos como Jorge Macchi, Antonio Trotta, Gustavo Romano, y más. Son obras que abordan el aspecto discursivo de lo visual. Palabras e imágenes resultan en poesía visual –emancipada del sentido enunciado, es una lírica para ser mirada–, como el collage de Eugenio Miccini, “El Evangelio” (1967), o las marcas de tinta y grafías, simulando palabras, de Mirtha Demirsache. Son textos transformados en concepto artístico como en la serie de los “Maniquíes” (1994) de León Ferrari, las fotos de Oscar Bony, las piedras de Marie Orensanz, los carteles de Juan Carlos Romero, las cajas de Edgardo Vigo, y otros.

 

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