Teatro / 24 de mayo de 2012

teatro

Un cómic viviente

“Batman Live” de Allan Heinberg, Stan Berkowitz y Alan Burnett. Con Sam Heughan, Kamran Darabi-Ford y elenco de The Circus Space Dirección: Anthony Van Laast. Luna Park, Ctes. y Bouchard.

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Basta que cualquiera de los personajes de este famoso cómic haga su aparición sobre el inmenso y elevado escenario, que longitudinalmente atraviesa la habitual platea del estadio Luna Park, para escuchar a chicos y grandes vociferar al unísono sus nombres. Esta entusiasta bienvenida, abarca todas las edades y revela que el hombre murciélago y sus acólitos, a 73 años de su creación, gozan de una popularidad inoxidable.
Es que, como muchas otras criaturas de fábulas, especialmente aquellas abocadas a defender a los desprotegidos o más indefensos, alimentan la necesidad ancestral que tiene la humanidad de que, aunque sea algunas veces, el bien triunfe sobre el mal.
También es cierto que la cantidad de estímulos visuales, sonoros y técnicos con los que día a día nos dejan boquiabiertos el cine y la tecnología, obliga a redoblar la apuesta en cualquier show que pretenda darles carnadura teatral a héroes de ficción, ya que resulta difícil satisfacer la capacidad de asombro de los espectadores actuales.

Conscientes de esa premisa básica, más con un hombre alado y villanos con superpoderes, la compañía británica de “Batman Live”, no escatimó recursos ni creatividad, de manera inagotable, para ofrecer un espectáculo que sacude todos los sentidos y captura la atención desde el comienzo. La historia del joven millonario Bruce Wayne, narrada desde el asesinato impune de sus padres, su transformación en Batman, la incorporación de Robin y su lucha contra el crimen, se refleja con minucioso detalle.
Detrás de la pista mencionada, un gigantesco fondo de pantalla de video sirve para proyectar, sin solución de continuidad, imágenes de ciudad gótica y vertiginosas carreras del batimóvil, entre otras escenas, con un efecto muy parecido al que genera el 3D cinematográfico. Justamente, el ingreso de este último –fue diseñado por el famoso constructor de autos para la Fórmula 1, Gordon Murray– es uno de los momentos más festejados por la audiencia. Asimismo, la presentación de los “malos” como “Acertijo”, el “Pingüino”, “Dos Caras”, el “Espantapájaros” o “Gatúbela”, y su posterior unión liderados por el “Guasón”, se realiza bajo un derroche lumínico, dispositivo circense y pirotécnico que roza la perfección.
La única objeción que podemos hacerle a la propuesta radica en la utilización de playback por parte de los intérpretes sajones para diálogos en castellano, en un español neutro, y que se extiende excesivamente, aminorando un poco la atención de los más pequeños.

 

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