Mundo / 15 de junio de 2012

Lugo: ¿Grande, Pa?

El presidente paraguayo Fernando Lugo reconoce a otro hijo, concebido cuando era obispo. Pero eso no parece dañar su imagen.

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TRANQUILO. Tras la violenta transición entre Alfredo Stroessner y Lino Oviedo, la presidencia de Fernando Lugo no parece presentar más sobresaltos que los de su paternidad múltiple y asumida.

Cada tanto, irrumpen en las tapas de los diarios y llenan largos minutos de radio y televisión. Parecen noticias que hablan mal de un presidente, sin embargo la particularidad del Paraguay muestra que, en definitiva, implican lo contrario.
Cada vez que a Fernando Lugo le aparece un hijo, la crítica lo acribilla acusándolo de farsante. Ocurrió de nuevo en estas semanas, porque el religioso y político reconoció su paternidad de un niño de diez años. Sucede que los vástagos fueron engendrados cuando era obispo. Por entonces, se supone que cumplía con los votos de castidad que implica el sacerdocio católico. Además, su opción por los pobres lo obligaba a no abusar de la devoción y el agradecimiento que le profesaban los más necesitados. Por eso no es descabellado reprochar al presidente paraguayo que haya engendrado y tardado en reconocer a esos niños.

Este ángulo de observación es válido, por eso las críticas impactan en la imagen del mandatario causando visible daño. Sin embargo, vistas desde afuera, esas noticias sobre hijos admitidos y juicios en marcha por que hay más madres que reclaman el reconocimiento de sus hijos, más que dañar la imagen de Lugo, deberían fortalecerla. Al fin de cuentas, que a un año de concluir su mandato el presidente sea noticia en la región y en el mundo solo cuando reconoce a un hijo, o le entabla juicio una mujer que jura haber engendrado el suyo en la cama del obispo, significa que su gobierno ha sobrevivido a las peores acechanzas.

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