Deportes / 22 de junio de 2012

UN DÍA DE FURIA

La bronca que juega al tenis

Peleas con los jueces, patadas y raquetas estrelladas contra el piso. La ira en el deporte ¿de caballeros?

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Tres días después de haber sido poseído por un lapsus de furia que lo llevó a patear el andamiaje que protegía el asiento del juez de línea del Abierto de Queen’s, impactar en la tibia del umpire Andrew Mc Dougall y hacerle sangrar la pierna, David Nalbandian volvió a jugar en Londres. Fue el miércoles 20, durante el torneo exhibición de Boodles en el Stoke Park, uno de los refugios más aristocráticos de la capital inglesa. El público, rodeado por botellas de champagne, lo recibió con aplausos y el cordobés, que fue felicitado por el presentador al tratarse de su décima participación consecutiva en Boodles, respondió con cortesía y firmó autógrafos.

Sin embargo, para llegar al final de su accidentada gira por el césped de Londres todavía restan dos capítulos: esta semana debutará en Wimbledon y desde el 28 de julio se presentará en el mismo lugar, el All England Lawn Tennis Club, pero ya por los Juegos Olímpicos. Lo sensible del tema es que, a partir de su reacción en Queen’s, Nalbandian quedó expuesto a que los periodistas ingleses, que desde hace tiempo lo miran de reojo por su poca predisposición en las conferencias, pasen a contabilizarle no solo cuántos partidos ganará: también cuántas raquetas romperá o cuántas veces insultará.
Acaso el argentino con más recursos técnicos, Nalbandián es además el más poseso. ¿Cuál es el límite de un deportista para controlar sus nervios? ¿Cómo se aprende a mantener el equilibrio cuando en la trayectoria de cada drive o cada revés también viaja una parte de su destino profesional? Hay, al menos, dos tendencias.

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