Arte / 22 de junio de 2012

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La pintura siempre está

“Hlito” en Jorge Mara-La Ruche. “Costa-Sobrino-Mussotto” en FNA.

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Poesía y calidez de la mano de autores de varias generaciones, que persistieron en el lenguaje pictórico o volvieron a la pintura como materia esencial de sus representaciones artísticas. Aún cuando las bienales y críticos internacionales impulsan la creación de grandes instalaciones e inmensas piezas escultóricas, la pintura siempre está.
Así, tras varias muestras donde Leopoldo Estol se lució con instalaciones, ahora exhibe “Dúplex” junto a Esteban Álvarez, donde entrecruzan en galería Ruth Benzacar intereses y características propias en una serie de pinturas. Por su parte Maggie de Koenigsberg, contradiciendo las apariencias de sus pinturas de colores vibrantes, sostiene que “Esto no es un paisaje”, y en el mismo Centro Cultural Recoleta, Fernando Cánovas presenta “Polaridades”, contrapunto de grandes abstracciones en colores y un conjunto de ramas pintadas en blanco. Asimismo, Bruno Grisanti pinta todos los días en Traslasierra, Córdoba, captando el cambiante entorno donde vive y trabaja; el resultado a la vista en “Yarará Arcoiris” (Rivarola Arte Contemporáneo).

A casi 20 años de su muerte, “Hlito” es la oportuna exhibición de las enigmáticas y penetrantes pinturas, de suave materia y seductoras líneas, formas y colores, de Alfredo Hlito (Buenos Aires, 1923-1993). Notable pintor y teórico, Hlito fue cofundador de la Asociación Arte Concreto Invención en 1946 y, hacia 1951, colaborador de Tomás Maldonado en la fundación de la revista “Nueva Visión”. A modo de homenaje, galería Jorge Mara-La Ruche presenta una bella síntesis del alejamiento del artista de las geometrías iniciales, del arte concreto, y los inexorables cambios que se sucedieron en su obra en más de 50 años de trayectoria. La exhibición incluye trabajos con una abstracción más lúdica y sensual creada a mediados de los `50, su producción en México entre los años 1964 y 1973 y las obras de las próximas décadas de su serie de las “efigies” y las realizadas antes de su muerte. Jorge Mara y Rabobank editaron un bello libro, profusamente ilustrado, con ensayo de María Amalia García  y textos del artista, con reflexiones sobre su obra y el arte en general; en Paraná 1133.

En “Eduardo Costa, Andrés Sobrino y Victoria Mussotto. Pintura ad hoc”, desplegada en el Fondo Nacional de las Artes (Alsina  673), se reunieron a tres artistas para “pensar la práctica pictórica contemporánea” y señalar aspectos comunes pese a los distintos caminos formales. Diferentes generaciones, soportes e imaginería se unen en estos artistas con igualmente disímiles peripecias existenciales. Es curioso, pero el artista de mayor trayectoria y edad aparece como el más provocador. Costa, que regresó a a Buenos Aires tras décadas en París, utiliza pintura sobre pintura para conformar diversos objetos abstractos, como “Cubo blanco”, y piezas figurativas, como “Zapallo verde con botella”; son pinturas con volumen creadas a partir de la superposición de gruesas capas sobre capas de pigmentos mezclados con otras sustancias.