Arte / 29 de junio de 2012

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Entre el amor y el caos

“Noé: visiones/revisiones”. MUNTREF. Valentín Gómez 4838, Caseros. Lunes a domingo, de 11 a 20.

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Contra todo pronóstico, Luis Felipe Noé (Buenos Aires, 1931), inauguró personalmente su muestra “Noé: visiones/revisiones”, en el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, el mismo día que murió la compañera de su vida, Nora Murphy, tras una larga enfermedad neurológica. “Es lo que ella hubiera querido” dijo el artista, entre otras entrañables consideraciones y al borde del llanto, que se extendió entre la numerosa concurrencia de artistas y amigos; Noé es muy querido.

Acrílico, óleo, tinta sobre papel, aguada, tinta china, madera, acero inoxidable, lápiz, en las 32 obras de gran tamaño reunidas en la exhibición por un equipo curatorial integrado por Eduardo Stupía, Cecilia Ivanchevich, Diana Wechsler y el propio artista. Centrada en trabajos de la última década, la muestra trasunta la vitalidad del artista y se halla en diálogo con piezas de otras etapas, señalando sus “visiones y revisiones”. “Noé: visiones/revisiones” se completa con pequeños dibujos, inclusive de la década del ’60, y vitrinas con libros y catálogos. Escenifica lo que Noé suele expresar: “Me siento vivo creativamente y no la viuda de un artista que existió en los años ’60”, en alusión a su entonces participación en el influyente grupo Nueva figuración.

Repletas de ideas e intuiciones, sus obras deshacen las fronteras entre figuración y abstracción y buscan la interrelación entre el dibujo y el color. Atravesadas por la conciencia de la incertidumbre, la perplejidad y el malestar en el mundo actual, las obras de Noé atrapan al observador por su esencial desmesura. El reconocido artista y docente, teórico y escritor, con más de 100 muestras individuales, además de ocuparse de los problemas de la pintura, elige comprometerse con lo social. Los asuntos que recorren la trama de una sociedad en permanente estado de exasperación, también ocupan un sitio central en su trabajo. Su pintura, atravesada por la conciencia de la incertidumbre y el malestar en el mundo actual, vuelve una y otra vez sobre su entorno.
La exposición ocupa bien las cuatro salas disponibles y así las obras –atestadas de líneas, colores, información– se dejan ver sin interferencias, incluso lucen mejor que en la Bienal de Arte de Venecia (2009). Aquí se exhibe “Nos estamos entendiendo” (15 x 3 m., con 15 piezas de marcos irregulares), parte de su envío a la 53ª edición que ocupó un difícil espacio, con techos bajos e inoportunas aberturas. En MUNTREF, estas piezas lucen espléndidas revelando la agitación de un nacimiento y la explosión del caos como motor de la creación.

La autora de estas líneas visitó el Museo tras la partida de un grupo de chicos que acababan de participar en su programa educativo. Primero tímidos y luego divertidos, los escolares se zambulleron en un mundo de fuerza creativa y lucidez, un universo en donde hay lugar para la ironía y la política, para la admiración por la filosofía de Wittgenstein y los textos de Píndaro, también para el amor por Nora.

 

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