Teatro / 13 de julio de 2012

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La vigencia de un clásico

“Las brujas de Salem”, de Arthur Miller. Con Juan Gil Navarro, Roberto Carnaghi, Rita Cortese y elenco. Dirección: Marcelo Cosentino. Broadway 2, Corrientes 1155.

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Más allá de los verdaderos juicios de brujas en Salem, Massachusetts, en 1692 o los posteriores del senador norteamericano Joseph McCarthy durante la década del ‘50, contra personas sospechosas de ser comunistas –sendos sucesos que inspiran este clásico de Arthur Miller–, lo cierto es que la especie humana sigue siendo la misma. Aunque la tecnología avanza sin pausa hasta lo inimaginable, el hombre de cualquier sociedad contemporánea conserva sus más primitivos y despreciables instintos. Los procesos de delaciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, irregularidades y hasta listas negras, siguen vigentes en pleno siglo XXI, por mucho que se proclamen democracia, igualdad de derechos y respeto a la libertad de expresión.

Aunque cueste admitirlo, la civilización tiene apenas un barniz de cultura y educación, que se resquebraja ante el miedo, los resentimientos, la envidia, las bajezas, y deriva en la actual alienación ideológica, el odio más profundo y el desprecio por quien piensa o es diferente. Bajo esta mirada, que un grupo de niñas campesinas a fines del siglo XVII, lideradas por Abigail (Lali Expósito), para eludir un hecho del que son culpables, acusen de ser maléficas a casi todas las personas honorables del pueblo, delante de un tribunal que las condena a muerte, resulta tan escalofriante como posible. Particularmente, cuando la venganza nace de un deseo sexual no correspondido de la indómita muchacha por el honesto John Proctor (Juan Gil Navarro), cuyo admirable sentido de la justicia y la ética están por sobre cualquier otro valor.

Como ocurre con la mayoría de los clásicos, requiere un elenco numeroso y la exigencia de ser fiel a una tragedia o un drama de extensa duración, algo que no suele prevalecer en la cartelera comercial. Por esto, resulta loable que un joven director y una productora privada hayan aunado esfuerzos para acometer semejante reto. Aunque los resultados sean desparejos.

Marcelo Cosentino demuestra ser un gran puestista, ágil e imaginativo, pero falla en la elección de algunos actores. La veteranía o el oficio de los estupendos Roberto Carnaghi, Rita Cortese, Carlos Belloso, Roberto Catarineu, Graciela Tenenbaum, Julia Calvo o Carlos Kaspar se impone de forma rotunda a la debilidad del resto. Salvo la convincente Belén Santos –toda una revelación como la mujer de Proctor, y que conviene seguir de cerca– y, claro está, ese gran, inmenso, talentoso actor que es Juan Gil Navarro, quien valida con creces que es uno de los mejores exponentes de su generación.

 

2 comentarios de “La vigencia de un clásico”

  1. Belén Santos reemplazó a Rita Terranova en el Tabarís, en la obra “Yo elegí ser Evita” y se lucía como pocas

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