Showbiz / 13 de julio de 2012

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Musicales en la tele: máquinas de facturar

Dos series, que aquí vemos por cable, tomaron como excusa los musicales para captar público y generar un nuevo negocio.

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Glee: Estreno: mayo del 2009. Costo del episodio piloto: 3 millones de dólares. Boom: el piloto tuvo un pico de audiencia de 9.620.000 televidentes en los Estados Unidos.

Detrás de cada estrella está la historia de cómo lo logró, de su viaje del anonimato a la gloria. Una travesía que, si está pavimentada con grandes canciones, luces de colores y mucho brillo, se hace francamente irresistible. Y, cuando el espíritu de los grandes musicales de Broadway se muda a la tele, esa magia se instala en el sillón del living y en la punta del control remoto que, desde hace cuatro años, detiene el zapping en Fox cada vez que aparecen en pantalla los chicos de “Glee”. O, desde este mismo año, cada vez que el elenco multiestelar de “Smash” muestra en la pantalla de Universal Channel, quizás con cierta crudeza, las bambalinas del gran teatro musical neoyorquino.

Ambas series tienen puntos de contacto y de divergencia. Y, aunque la creencia general es que “Glee” pega más en el público adolescente mientras que “Smash” se preparó para los adultos, ambas atraen a una audiencia igualmente masiva y variada.
A brillar, mi amor. Al borde del estreno de su cuarta temporada, “Glee” fue el fenómeno televisivo del 2009. Originalmente iba a ser una película, pero devino en serie. Sus creadores, Ryan Murphy, Brad Falchuk e Ian Brennan escribieron todos los guiones de las primeras dos temporadas, pero delegaron la función en la tercera, lo cual les costó una cierta resistencia de la crítica.

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