Showbiz / 20 de julio de 2012

Industria discográfica

Los gigantes se fusionan

La unión entre EMI y Universal deja solo tres sellos en el mercado de Occidente.

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Cuando el guitarrista Steve Hacket abandonó su banda –Génesis– en 1977, Phil Collins, Tony Banks y Mike Rutherford grabaron un disco que se llamó “Y entonces quedaron tres”. Ese parece ser el destino inevitable de la industria discográfica: que solo queden tres grandes sellos discográficos en Occidente, la mitad de los que había en la década del ’90. De hecho, los últimos diez años en especial han sido de compras y fusiones entre las empresas que lideran el mercado de los discos, que cada vez concentra más catálogos –y más estrellas de facturación multimillonaria– en menos compañías.
Que haya peces grandes devorando peces pequeños es un clásico de cualquier ecosistema empresario, y muchos sellos chicos fueron, con el paso de los años, absorbidos por empresas más grandes. Sin embargo, la tendencia desde el 2004 es a que los peces grandes se unan entre sí para crear bestias que pelean por un lugar en un estanque que se está achicando, donde navega a sus anchas la piratería y donde los nuevos formatos –como la música digital– obligan a los cerebros detrás de las corporaciones a replantearse su esquema de negocios.

Un poco de historia. Durante casi treinta años (entre los ’70 hasta los ’90 inclusive), seis discográficas grandes tuvieron el control mayoritario del mercado: Sony, Warner, BMG, Polygram, MCA y EMI, aunque otros nombres y marcas comerciales fueron utilizados a lo largo del tiempo. El primer paso hacia el nuevo panorama de megacompas lo dio, a fines de la década del ’90, Universal. El sello, nacido en 1934 como la rama musical de los estudios de cine del mismo nombre, como parte del grupo británico Decca, se fusionó en 1996 con MCA Music Entertainment Group –tras esta unión adoptarían por primera vez el nombre Universal Music– y compró Polygram en 1998, por la friolera de 10.400 millones de dólares.

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