Personajes / 3 de Agosto de 2012

Pablo Saraví (49)

“Hay instrumentos que tienen algo mágico”

Violinista, experto en luthería, fundó el Cuarteto Petrus y brega por un Guarnerius recuperado. Falta de apoyo oficial y prejuicios elitistas.

Ejecutando el Guarnerius rescatado del olvido, ante 150 invitados especiales. Detrás, un retrato de Fernández Blanco sosteniendo el mismo instrumento.

Bajó del tren que lo traía desde Mendoza y se sacudió la tierra y el cansancio que le había dejado un viaje con tantas paradas como pueblos había en el mapa. Lo esperaba una enorme oportunidad: además de conquistar el oído de Szymsia Bajour –un gran maestro de violín al que sus recomendaciones convencieron de escucharlo y, después de eso, tomarlo como alumno pese a que ya no aceptaba más discípulos–, a la hora y media de pisar Buenos Aires daría una prueba en el Teatro Colón, en la que un amigo lo había inscripto sin consultarle. Era marzo de 1982. Pablo Saraví entró al Colón con un estuche de lona color verde, 19 años y una carrera de músico a cuestas.

A los ocho años vio un violín y se volvió loco por la forma, las curvas, la cabeza como un rulo. Quiso hacer uno. Su padre lo convenció de que como no había maestros de luthería en Mendoza, podía aprender a tocarlo en la escuela de música que dependía de la Universidad. Pero la inscripción ya había cerrado y faltaba una semana para el examen de ingreso. Logró que lo inscribieran, pero él no había visto una partitura en su vida: la ubicación de las notas en el pentagrama se la enseñó la madre (que no sabía más que lo que recordaba del colegio), y los valores de las notas, su papá (un ex violinista). Una vecina profesora de música y con piano le ayudó a reconocer los sonidos y descubrió que el chico tenía oído absoluto (podía identificar cualquier nota sin necesidad de otra de referencia). En el examen, los profesores pensaron que usaba algún tipo de truco o espejo porque acertaba de inmediato cada nota. “No mires el teclado”, le repitieron, hasta que se dieron cuenta de que era su condición natural. A los 12, ya lideró la primera orquesta y nunca más paró.

Más información en la edición impresa de la revista

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *