Televisión / 10 de Agosto de 2012

Tv

¡Mamita querida!

“¿Quién quiere casarse con mi hijo?” Reality show. Lunes y jueves a las 22.15 por Telefe. Conducción: Catherine Fulop.
Dirección: Eugenio Gorkin.

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Desde el mítico “Yo me quiero casar… ¿y usted?”, ha corrido mucha agua bajo el puente de los ciclos televisivos de citas. El género, que comenzó siendo una mezcla de talk show y programa de servicios para solos y solas, resistió los embates del tiempo sumando distintas vueltas de tuerca. Los hubo para los más jóvenes (“Cupido”), con componentes astrológicos (“Doce corazones”) y hasta con toques tecnológicos vinculados a la web (“Alguien que me quiera”). Y ahora, con el género del reality show tan instalado en el gusto popular, llegó el turno de “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, una flamante producción de Eyeworks Cuatro Cabezas.

Se trata de una propuesta que recuerda al ciclo estadounidense “The Bachelor”, aquel en el que varias concursantes debían competir por el corazón de un soñado príncipe azul. Con la particularidad de que en este caso ellos deben elegir a la mujer de sus sueños, aconsejados por sus propias madres.
El programa presenta a cinco candidatos y sus respectivas progenitoras (al cierre de esta edición habían pasado solamente dos concursantes), quienes deben seleccionar a la candidata ideal entre diez postulantes. En el primer encuentro el galán debe eliminar a tres de ellas y en los siguientes van quedando por el camino las restantes, hasta que solo queda una que el candidato podrá elegir para formar pareja.

Con Catherine Fulop como anfitriona –un rol muy acotado, que no le deja suficientes oportunidades de lucirse– el ciclo comenzó con el pie izquierdo al presentar a la dupla de Máxima y Nacho, madre e hijo de Zona Norte que no consiguieron generar empatía alguna con el televidente y que convirtieron al primer episodio en una experiencia odiosa. Primero porque ambos trataron a las candidatas casi como bienes de consumo. Segundo por los desafortunados comentarios del joven acerca del “sex appeal” de su mamá y su excesiva preocupación por las curvas de las potenciales novias. Y tercero por los prejuicios de la “mami” sobre la edad, la ocupación y la presencia (o no) de tatuajes y piercings en el cuerpo de ellas. ¡Tanto que hasta Fulop tuvo que salir a aclarar en los medios que la intención del ciclo no es denigrar a la mujer!

Pero el programa repuntó en su segunda emisión, con una dupla más barrial, Patricia y Patricio; madre e hijo mucho más reconocibles y menos altivos que lograron momentos divertidos, con toques de ternura y una dinámica mucho más fluida, si bien no exenta de cierto complejo de Edipo que sobrevuela el ciclo. Así las cosas, la suerte de futuros envíos dependerá en gran medida de la personalidad de los participantes. Que de volver a no ser la adecuada, puede convertir un entretenimiento ligero y sin pretensiones en un verdadero bodrio. Ojalá que, por el bien del televidente, no vuelva a aparecer un error de casting tan grosero como el del primer envío.

 

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