Televisión / 16 de agosto de 2012

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El extraño enigma de la lectura

“Disparos en la biblioteca”. Programa sobre autores policiales argentinos. Sábados a las 20.30, por Canal 7. Conducción: Juan Sasturain y la participación de Mirta Wons. Dirección: Mariano Mucci.

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La ficción como puerta de entrada a otra ficción. O cómo eludir el formato del programa “cultural” formal. O cómo hacer para que el espectador sea la puerta de entrada al lector. Una misión difícil pero no imposible para un detective literario, el personaje que interpreta el escritor Juan Sasturain, autor de la idea. Ya lo había hecho en “Ver para leer”, por Telefe, y esta vez, por la tevé pública, se metió con la literatura policial argentina.

“Disparos en la biblioteca” es una serie de ocho entregas que está por llegar a su fin pero que repetirá canal Encuentro y que el año próximo tendrá su segunda temporada, siempre con la producción del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA) de la Secretaría de Cultura de la Nación y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

El autor de “Manual para perdedores” (novela donde aparece el investigador Etchenike) interpreta a un detective prototípico, románticamente demodé, de perramus y cigarrillos, sin computadora pero con ficheros y archivos, muchos libros, el teléfono negro a discado y una secretaria, Doris (Mirta Wons) canchera y dispuesta a trabajar aunque el sueldo no aparezca. Su misión es resolver casos literarios, es decir, aquellos que requieren del seguimiento de pistas del relato policial.   En cada capítulo, aparece un caso (la desaparición de una brújula, una foto recortada, un mensaje cifrado, el policía duro con códigos); la ayuda de escritores y periodistas (Guillermo Martínez, Luis Chitarroni, Silvia Hopenhayn, Rogelio García Lupo, Daniel Link, Ricardo Ragendorfer y un colaborador misterioso, J. L.); y el viaje a la literatura (Borges, Soriano, Walsh, Piglia) que es el objetivo del programa.

Las alusiones constantes y el juego de casilleros resultan algo reiteradas y a veces, sobreexigidas: tanto estímulo narrativo provoca cierto aire enrarecido acerca de qué trama seguir, si la del detective-literario, la de los libros o la del conductor del programa que, a pesar de todo, sabemos que está ahí. Es decir, la preocupación por el “entretenimiento” desborda el contenido central. A veces solo queremos que nos cuenten algo sin tanto envoltorio. Por supuesto que el programa es un oasis de diferencia en el común de la tele y un salto a la acción y el misterio desde el sillón y el control remoto.

 

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