Showbiz / 16 de Agosto de 2012

Las películas más caras

Rendimiento en la taquilla

Cómo hacer más rentable la inversión de un estudio en un film o una saga. El top ten.

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Sparrow. Johnny Depp se llevó buena parte de los costos de la saga, solo superado por la inversión en efectos especiales.

La inflación también llegó a Hollywood y hacer películas es cada vez más caro. Sin embargo, el fenómeno no se debe tanto a factores de micro o macroeconomía, sino más bien a una necesidad: para competir en un mercado como el del entretenimiento, donde el influjo de las copias ilegales aleja a la gente de las salas, los grandes estudios se concentran en hacer películas cada vez más… bestiales.

El cine del siglo XXI es de películas con presupuestos astronómicos y marquesinas plagadas de famosos. Nada cotiza menos de 200 millones de dólares y, de hecho, la película más cara de la historia hasta ahora –“Piratas del Caribe: en el fin del mundo”– le costó a Disney (y a su creador Jerry Bruckheimer) unos 300 millones. La suma de los presupuestos de las diez películas más caras (unos 2.505 millones de dólares) equivale al 2,5% de la cifra que hace falta para sanear el sistema bancario español. Las preguntas se abren entonces como un inmenso abanico: ¿Por qué son tan caras las películas de Hollywood? Y, más inquietante aún: ¿pueden los estudios, en un contexto tan competitivo, recuperar la inversión y ganar dinero?

Millones en fantasías. Los dos costos que mayor incidencia tienen en el presupuesto de una superproducción son los efectos visuales y los honorarios del elenco. Son tiempos en que el cine que más vende incluye entre sus géneros fantasía, ciencia ficción, épica y superhéroes. Ejemplos a la orden del día: entre las películas más caras de la historia hay dos de superhéroes (“Spiderman 3” y la última de Batman), tres de la saga “Piratas del Caribe” (aventura épica) y hasta fantasías harrypoterianas.

Todos estos géneros, más allá de ser del gusto del consumidor, crean en la pantalla nuevos mundos inexistentes. Eso requiere de mucha inversión en efectos visuales. Según información filtrada a la prensa norteamericana, James Cameron habría invertido cerca del 70% del presupuesto total de “Avatar” en efectos visuales, para que el mundo sepa cómo hubiera lucido Zoe Saldana de haber nacido en el planeta Pandora. La cifra oficial es de 237 millones para el lanzamiento y otros nueve millones para el reestreno. Considerando que, tan solo para los efectos especiales, se reclutaron 900 empleados que trabajaron en el proyecto durante 14 meses, y que para procesar la película terminada se utilizó un centro de cómputos en Nueva Zelanda que está incluido en la lista de las 500 supercomputadoras más poderosas del mundo (estudio de la universidad alemana de Mannheim), casi se podría decir que Cameron la sacó barata. Pero también hay que pagarles honorarios a los que le ponen la cara, el cuerpo, la voz y –sobre todo– la cotizada marca personal a las películas. Y esos actores que son garantía de calidad (o, por lo menos, de trascendencia, por ser figuras muy populares), cotizan caro.
Mano de obra. Nadie que gane menos de diez millones de dólares por filmar una película puede considerarse una megaestrella. De hecho, es lo que ganan actores y actrices que se hicieron muy famosos en la televisión. Los consagrados del cine, en cambio, manejan otros números.

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