Editorial / 19 de Agosto de 2012

Cegueras

Equilibrio. La justicia le volvió a ordenar al Gobierno que deje de discriminar a NOTICIAS.

La Justicia ciega es una metáfora que viene del antiguo Derecho romano, que con la venda en los ojos y la balanza representaba la voluntad –tan utópica como necesaria– de arbitrar de manera equitativa los conflictos de intereses en una sociedad civilizada. Pero la clave de aquella venda cegadora y justiciera es que siempre esté puesta, para garantizar la aplicación constante, sin excepciones, de la misma norma para todos. Y todas.

Cuando esa vocación de impartir justicia igualitaria ajustándose a la ley es remplazada por la pulsión de ejercer un poder sin límites, a golpe de caprichos e intereses inconfesables, entonces la ceguera cambia de sentido: es el soberano quien se calza la venda –poco ajustada, flojita– para no observar las sentencias judiciales que le ponen límites a su discrecionalidad. Y, al revés, se la quita de los ojos cuando alguna legislación le sirve como arma para escarmentar a quien considera enemigos. Esta semana, la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal ordenó al Gobierno que acate el fallo de la Corte Suprema de Justicia donde se instaba al Poder Ejecutivo a dejar de discriminar a NOTICIAS (junto al diario Perfil y a la revista Fortuna) en el reparto de publicidad oficial. Esta última instancia judicial (que se detalla en páginas 34 y 35) es un capítulo más de un largo y penoso periplo que lleva más de tres años de evasivas oficiales para no cumplir con lo que es justo y razonable.

Mientras la Presidenta se apropia de la figura de la “cadena nacional” para fustigar a la prensa que no le es adicta –en un show tan obsceno que amerita la investigación de tapa de este número de NOTICIAS–, y agita fantasmas de leyes de “ética periodística” que recuerdan a las leyes mordaza soñadas durante el menemismo, al mismo tiempo reparte favores millonarios para beneficiar de manera desleal al “periodismo militante” que le hace propaganda. Más que una contradicción, ya es una burla ofensiva a la inteligencia de los argentinos, sean o no K.

 

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