Deportes / 7 de Septiembre de 2012

TENIS NORTEAMERICANO

La dura caída de un imperio

Con la partida de Andy Roddick, Estados Unidos pierde a su última gran estrella.

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ADIOS. Miércoles 5. Juan Martín Del Potro se impone ante Andy Roddick en el US Open. Fue el último partido del estaunidense en el circuito profesional.

Lo quiero hacer corto y dulce: he decidido que este será mi último torneo. No sé si voy a estar bien de salud el próximo año. Tengo otros intereses, otros asuntos que me emocionan y me voy a centrar en ellos”, anunció el norteamericano Andy Roddick, que eligió el día de su cumpleaños número treinta para dar la noticia, “Cuando perdí en Wimbledon ya lo sentía. No me imaginaba ahí otro año más. Quería terminar en este evento, tengo muchos amigos y familia aquí”.

El anuncio, en la sala de prensa del centro tenístico Billie Jean King, en el US Open, generó estupor: la partida del hombre de Nebraska significaba bastante más que el cierre de una dilatada carrera deportiva. El adiós de Roddick deja huérfano de estrellas al principal imperio del tenis mundial.

El poderío norteamericano arrasó por años en cada torneo, en cada Grand Slam y en cada Copa Davis (la ganó en treinta y dos oportunidades). Desde el denominado “amateurismo marrón”, con Bill Tilden y Jack Kramer a la cabeza, hasta 1968 cuando fundaron la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), los jugadores norteamericanos dominaron el circuito.

Tiempo pasado. Pero hoy Estados Unidos sufre una caída sin precedentes. Por primera vez en 37 años hay un solo tenista estadounidense entre las primeras diez ubicaciones del ranking de la ATP: John Isner pende del puesto 10. Luego, aparecen Roddick (22), Mardy Fish (25), Sam Querry (28), Ryan Harrison (61), Brian Baker (70), Jesse Levine (76), Donald Young (81) y Ram Rajeev (95). Indicadores claros de que algo anda mal.
En este contexto, la desesperación se apoderó de la United States Tennis Association (UTSA), entidad que mueve los hilos del deporte blanco en ese país y que cuenta con unos 250 millones de dólares al año, sobre todo gracias a los ingresos que se generan con el último torneo importante del año. El mal momento que viven en términos tenísticos se traduce en la sequía de títulos de Grand Slam. Precisamente fue Roddick el último norteamericano en ganar uno, Flushing Meadows del 2003, cuando venció en la final al español Juan Carlos Ferrero. Como una paradoja, el mismo torneo en el que A-Rod (tal su apodo) comunicó que colgará la raqueta. Por cierto, su único título grande, lugar donde también perdió cuatro finales, todas contra el suizo Roger Federer. Si bien estuvo en la conversación grande, nunca pudo arrimarse al cuarteto que integran Federer, Nadal, Djokovic y Murray. Su lugar estaba detrás de ellos, a su sombra. Situación que nunca se reprochó. “No creo que mi carrera haya sido desafortunada por no haber podido acercarme más a los líderes del circuito”, dijo en más de una oportunidad el ganador de 32 torneos. Su carisma le sirve adentro y afuera de las canchas. Respetado, querido y valorado por sus rivales.

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