Cultura / 7 de septiembre de 2012

Menú exótico

¿Es difícil la música contemporánea? La respuesta del compositor Martín Bauer y su comparación con la comida.

Margarita Fernández, en Membrana / Lluvia de Peter Ablinger.

Las gotas de agua deben caer sobre los tubos de vidrio para que el instrumento suene. Quien lo ejecuta es Margarita Fernández, pianista, performer, que escurre y extiende trapos de cocina para que las gotas caigan exactamente en el lugar que marca la partitura de Ablinger (Membrana/Lluvia). Frágil y exacta, Margarita se sienta en el piano para reunir a Bach y Satie. A Chopin y Morton Feldman.

La obra se llama “Luz de gas” y tiene lugar en el TACEC, en el Teatro Argentino de La Plata. Es una noche fría de invierno. La pianista tiene una pequeña estufa cerca para calentar sus dedos antes de empezar a tocar.

Muchos de los que estamos allí somos un público infrecuente en el teatro y la música de experimentación. Pero lo que se relata en el escenario es simple y claro como un cuento de niños.

Esta semana, en la nota de la sección Cultura de NOTICIAS, le preguntamos a Martín Bauer, director de “Luz de gas” y del TACEC (Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata) si la música contemporánea no es demasiado difícil. Dice que no y la metáfora que usa para convencernos es la comida, ¿no vale la pena probar cosas nuevas, dejar de comer siempre lo mismo?

Bauer también trabaja incansablemente en el Teatro San Martín y en el Colón. Está convencido de que la cultura devuelve con creces cualquier inversión que se haga en ella. El rédito es intangible pero duradero. Mientras tanto, podemos disfrutar con el encanto de Margarita (que vuelve pronto a escena) o de cualquiera de las obras que propone este gestor infrecuente, en el exótico menú de los principales teatros argentinos.

 

Comentarios de “Menú exótico”

  1. no se entinde esa obstinación por racionalizar el arte. como promotor de emociones debería estar mas cerca de los sentimientos que del conocimiento. por eso uno puede emocionarse, enternecerse, conmoverse o molestrase, ofenderse y disentir aún con aquello que no entiende, por ejemplo con esa obstinación por racionalizar el arte

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