Costumbres / 7 de Septiembre de 2012

Príncipe Harry

Radiografía de un inmaduro

Irresponsable y políticamente incorrecto, el miembro más joven de la familia Windsor es un peligro para la Corona británica. Psicología y medidas de seguridad.

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La tapa de The Sun, con el príncipe desnudo en Las Vegas. Disfrazado de nazi en una fiesta del 2005. Con una botella en la mano, testimonio de sus memorables borracheras.

Es el digno descendiente de su madre: heredó todo su charme, pero también sus genes de insensatez”, comentó el príncipe Carlos, moviendo la cabeza con resignación, cuando le mostraron las fotos de su hijo Harry desnudo en un hotel de Las Vegas. Ese diagnóstico contenía una buena dosis de verdad: al menor descuido, el príncipe Henry Charles Albert David de Windsor puede cometer algún desatino que haga temblar a la familia real británica. Tercero en la línea sucesoria de la Corona de Inglaterra –detrás de su padre Carlos y de su hermano mayor, Guillermo–, Harry es, desde hace tiempo, una auténtica pesadilla para el Palacio de Buckingham y en particular para su abuela, la reina Isabel II. A los 27 años, es un abonado casi permanente de la sección escándalos de los periódicos británicos. Y esta vez, sus desatinos superaron todos los récords.

Escándalo. Lo demostró una vez más el 21 de agosto, cuando comenzaron a circular por internet fotos en la que aparecía totalmente desnudo durante una sesión de “strip billiards” en Las Vegas. Los numerosos sitios que difundieron esas escenas totalizaron 900 millones de visitas en las primeras 48 horas. Después de circular durante tres días por la web, la más explícita de esas imágenes apareció el domingo en la primera página del diario sensacionalista The Sun.
El príncipe había planeado ese viaje como recompensa después de comportarse en forma ejemplar durante los Juegos Olímpicos de Londres. Con un grupo de amigos se alojaron en el piso 23 del Wynn Hotel. La suite en dúplex que ocupó cuesta 5.500 dólares por día. Tiene una enorme habitación de 45 metros cuadrados con una cama royal de tres metros de ancho, un living-room, un escritorio, comedor, baño con sauna y jacuzzi, y una sala de pool.

La noche comenzó de manera excelente. El grupo fue a cenar a La Cave, uno de los restaurantes del hotel. Al concluir la comida, hicieron una fugaz incursión al casino y estuvieron un momento en el Surrender, el night club del hotel. Alrededor de las tres de la mañana subieron a la suite de Harry. Fue en ese momento cuando descubrieron la sala de billar. “¿Vamos a jugar a este juego idiota, como niñas de un internado?”, comentó uno de los amigos del príncipe. Fue así como decidieron jugar al “strip billiards” (“billar desnudista”). El reglamento, extremadamente simple, indica que por cada error los jugadores deben despojarse de una prenda. Harry es un buen jugador pero la joven que hacía pareja con él resultó incapaz de ganar un solo punto y rápidamente ambos se encontraron desnudos. Primero ella se quitó la bombacha y se abrazó a la espalda de Harry para no quedar expuesta. Harry tuvo que colocarse las dos manos delante para no mostrar las “joyas de la corona”, según la fórmula utilizada por la prensa británica para aludir a la zona genital.

Fue en ese momento cuando uno de sus amigos utilizó la cámara de su teléfono portátil para sacar la imagen que publicó The Sun. A la mañana siguiente, Harry fue sorprendido caminando hacia la pileta del hotel, con un vaso en la mano, vestido con un bermudas fucsia con flores blancas y un sombrero Panamá, detrás de una portentosa rubia en bikini celeste. Ambos aparecían rodeados por dos guardaespaldas del hotel. Esa imagen abrió dos interrogantes. ¿Esa rubia era la misma que aparecía oculta en las fotos del escándalo? ¿Dónde estaban los guardaespaldas británicos del príncipe?

Más información en la edición impresa de la revista

 

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