Clásica / 7 de Septiembre de 2012

clasica

Una diva del siglo XXI

Recital de la mezzosoprano Joyce DiDonato, junto al pianista David Zobel. Obras de Obradors, Handel, Mozart, Rossini, Hahn, Donaudy y Di Chiara. Mozarteum Argentino. Teatro Colón.

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Joyce DiDonato es una de las cantantes más célebres de la actualidad. Nacida en Kansas, saltó a la fama en los últimos años y se convirtió en una de las pocas estrellas del mundo de la ópera. Pero, a diferencia de sus ilustres colegas del pasado, DiDonato es, además de una gran artista, una verdadera antidiva o, más bien, una diva de estos tiempos. No deja de derrochar simpatía y espontaneidad tanto en el escenario como fuera de él. Es cálida, auténtica, sincera, y esas mismas cualidades que pintan su personalidad sirven para describirla como artista. Su voz es suntuosa y dúctil, y su dominio técnico es de una perfección absoluta. Desde las coloraturas hasta los pianissimi o las extensas frases ligadas que requieren de un perfecto control de la respiración, todo parece sencillo y natural en ella. Pero lo que hace de Joyce una artista excepcional no es su técnica impecable, sino el hecho de que esos recursos están, en todo momento, al servicio de la música, al servicio de la expresividad de cada obra.

Junto a David Zobel, un pianista magnífico, la cantante ofreció un programa ecléctico, que le permitió mostrar su perfil artístico con un amplio abanico de matices y estilos.
Handel, Mozart y Rossini, que son los pilares del repertorio de DiDonato, no podían estar ausentes, aun en un recital con piano. Pero la verdadera sorpresa fueron las canciones españolas de Fernando Obradors y las canciones venecianas de Reynaldo Hahn, exquisitas miniaturas que la mezzo estadounidense interpretó con variedad de recursos expresivos, musicalidad y una sensibilidad decididamente conmovedora.

Esta diva del siglo XXI conquistó al público desde que apareció en el escenario. Antes de cada interpretación, se ocupó de explicar las características de las obras, relató anécdotas y expresó la profunda emoción que sentía al cantar en el Colón.
Frente a semejante despliegue de talento, expresividad, calidad artística y simpatía, la gente deliró, y la generosidad de DiDonato y Zobel no se hizo esperar. Hubo cuatro deliciosas piezas fuera de programa: la “Canzonetta spagnuola” y un aria de “La donna del lago”, de Rossini, “Over the rainbow”, de “El mago de Oz”, de Harold Arlen, y un regalo especial para el público argentino: la “Canción del árbol del olvido”, de Alberto Ginastera.

 

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