Cultura / 14 de Septiembre de 2012

Santiago Kovadloff (69)

La angustia de lo imprevisible

El desasosiego crece cuando el futuro es incierto y los mensajes del poder se contradicen con la realidad. Así interpreta el filósofo el auge del misticismo. Además, por qué lo premió la Masonería.

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“La Presidenta se atribuye a sí misma un poder de conducción que no puede encontrar paralelo en ninguna figura que ejerza la política sin ese espíritu visionario”.

Ensayista, poeta, periodista, Santiago Kovadloff es también un fino analista de las innumerables facetas de la realidad. A propósito del premio que le entregó la Masonería días pasados (ver recuadro) se reunió con NOTICIAS para hablar de la historia de las logias, pero también de la eclosión de la mística y su relación con la política.

Noticias: La Argentina parecer vivir un período marcado por la mística. ¿Es la espiritualidad la única respuesta frente a la crisis política?

Santiago Kovadloff: Hagamos una conjetura. Es evidente que una gran fragilidad se ha adueñado de los credos monoteístas. Frente a esa evanescencia de la doctrina, las propuestas alternativas tienen una función fuertemente compensatoria. Además, tienen la posibilidad de convocar a algo muy interesante desde el punto de vista filosófico: la presunción de que existe una interioridad a ser liberada, que está sofocada por las presiones a las que está sometida, en una sociedad caracterizada por la crispación, y que es portadora de paz. Liberarnos de esa hostilidad nos permite recuperar algo que el ideal de la ciudadanía no termina de brindarnos.

Noticias: En los ’90, durante el primer gobierno de Menem, se hicieron fuertes los evangelistas. Ahora, hay una nueva explosión, con “El Arte de Vivir”. ¿Observa alguna relación?

Kovadloff: La gente no puede vivir en un escenario donde la intemperie solo connote conflicto. Si las instituciones se vuelven difusas, si la práctica de la ley es oscura y si el avance de los autoritarismos es tan marcado, es razonable pensar que busquemos en una interioridad unida a la práctica de una liturgia saludable, las posibilidades de una desalienación. En la época de Menem, de individualismo exacerbado, la gente salió a buscar amparo.

Noticias: ¿A qué se debe que el Gobierno vaya cada vez por más?

Kovadloff: El diagnóstico de situación del lado del oficialismo es que la democracia republicana y burguesa, representada por los tres poderes fundamentales que marca la constitución, es una democracia senil, que ha demostrado una profunda disfuncionalidad para resolver el problema de la equidad y la libertad como elementos conjuntos. Pero la posibilidad de cambiar este sistema por medios violentos, como ocurrió en los ’70, también resultó disfuncional, poco operativa y muy costosa. El camino, entonces, para llevar a cabo la transformación del sistema, es la conquista del poder político. Tomar el poder burgués para luego ampliar la hegemonía del Estado hasta que se pueda homologar el Poder Ejecutivo al Estado, y el Estado a un proyecto de Nación en la cual los otros dos poderes estén subordinados al Ejecutivo. La finalidad fundamental es crear una democracia que ya no esté sujeta a controles, porque hay un proyecto de transformación social que está presidido por un liderazgo iluminado, en manos de un hombre (o una mujer) providencial. Y en este punto reaparece lo religioso –y esto se lo he leído a Fontevecchia en sus columnas–: la aparición de un régimen vertical que tiene por finalidad la redención por la vía de la transformación del Estado, convertido en un proyecto donde la Ley está supeditada al ideal del poder y no al revés. El pensamiento de Ernesto Laclau ha venido a convalidar conceptualmente este planteo, para convertirlo ya no en un autoritarismo desnudo, sino en todo un planteo filosófico.

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