Sociedad / 28 de septiembre de 2012

Rosario Quispe (53)

Una soñadora perserverante

Así piensa la galardonada con el Premio Perfil a la Inteligencia. Raíces collas y universidad.

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En Buenos Aires. Su perfil bajo se sostiene en la decisión de no aceptar apadrinamientos políticos. Contracara de Milagro Sala.

Su figura pequeña y de rasgos indígenas contrasta con el lujo y el glamour del hall central del Sheraton, donde circunstancialmente se hospeda. Es una extraña en esta Buenos Aires cosmopolita y vertiginosa. Bajita y con una trenza renegrida casi hasta la cintura, posa tímida con la Torre de los Ingleses de fondo. La gente la mira, extrañada, tratando de adivinar quién es y el por qué de las fotos. En Buenos Aires, nadie la reconoce como en su Puna natal. Según su DNI, por un error de inscripción, es Rosaria Ladiez Andrada de Quispe. Pero cuando nació hace 53 años en Puesto del Marqués, cerca de la frontera con Bolivia, la bautizaron como Rosario Gladis Andrada. Sumó su segundo apellido al casarse a los 19 años con Alfredo Quispe, su actual marido, y todos la conocen en Jujuy como “la Rosario Quispe”.

Estuvo en Buenos Aires invitada por la Editorial Perfil para recibir en su reciente edición el Premio a la Inteligencia de los Argentinos, rubro Política y Servicio Público.
Cuando empieza a hablar, su pequeñez se agiganta y su confianza reafirma uno de sus lemas: “Nada es imposible”. Y lo dice respaldada por los logros de la organización que fundó junto a otro grupo de mujeres collas hace 17 años, Warmi Sayajsungo que, en quechua, significa “mujer perseverante”. Nacieron como tejedoras y, lentamente y con muy poco apoyo oficial, desarrollaron una serie de emprendimientos productivos en la Puna: desde una estación de servicio que lleva la marca Warmi y un ciber donde dan clases de computación e inglés, hasta un restaurante, una curtiembre, un criadero de truchas y una productora de sal, entre otros. Así, revitalizaron la economía local, la producción de la tierra y fomentaron la vuelta a sus orígenes.

Uno de los mayores logros de esta construcción colectiva fue implementar un sistema de microcréditos que se mantiene con dos millones de pesos circulando, en pequeños préstamos a 3.600 asociados, y que despertó el interés de la Universidad de Harvard.
El último “éxito” de la Warmi fue un anhelado sueño de Rosario, quien creció criando ovejas y solo pudo terminar séptimo grado: la apertura de la primera Universidad de la Puna, en Abrapampa, a 3.484 metros de altura y a 284 kilómetros de San Salvador de Jujuy. El Centro Universitario Huasi Yachana fue inaugurado el 14 de marzo con la presencia del actor Facundo Arana y la cantante Soledad Pastorutti, padrinos de la institución. Ya cuenta con 25 alumnos estudiando con la modalidad semipresencial.

Noticias: ¿Cómo nació la idea de fundar la Warmi?

Rosario Quispe: A mediados de los 90, la situación estaba muy difícil en Jujuy. No había trabajo y no teníamos ni para comer. Nos juntamos diez mujeres en Abra Pampa, en el medio de la Puna, para ver qué podíamos hacer para alimentar a nuestros hijos. Yo tengo siete chicos. Algunas sabíamos tejer y empezamos a vender nuestras prendas y artesanías. A partir de esa experiencia, comenzamos a hablar de formar una Asociación. No fue fácil porque no teníamos dinero para ir a Jujuy capital a hacer los trámites. Pero una vez que empezaste a golpear una puerta, no dejás de golpear ninguna, y finalmente obtuvimos la personería jurídica.

Noticias: ¿Cómo consiguieron los fondos?

Quispe: Al principio, nos prestábamos plata entre nosotras y vendíamos lo que podíamos hasta que, en 1997, nos dieron el premio de la Cumbre Mundial de Mujeres y se nos abrieron un montón de puertas porque la Warmi salió en muchos medios. Así fue que nos conoció el dueño de (la Fundación suiza) Avina y mandó al representante en la Argentina, Pedro Tarak, a conocernos. Avina fue la primera que confió en nosotras y, en seis meses, ya nos había depositado los primeros 15.000 pesos. Y luego, nos siguió ayudando. Hace cinco años, la Inter-American Foundation (IAF) de los Estados Unidos también nos dio dinero y, hace cuatro, concursamos con un proyecto de turismo comunitario ante el BID sin intermediarios del Gobierno. Ahora buscamos un socio para abrir un hotel en Abrapampa y desarrollar el turismo.

Noticias: ¿Cómo comenzaron con el sistema de pequeños préstamos?

Quispe: En 1999 creamos un fondo rotativo con plata que nos dio Avina, la IAF y un subsidio el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Hoy tenemos 3.600 socios en las 85 comunidades de la Puna. En cada una, los pobladores eligen a un líder varón, una líder mujer y un tesorero, que son quienes evalúan los proyectos y otorgan el préstamo según la necesidad y la plata disponible. Al principio, iban de 50 a 1.500 pesos máximo, a devolver en dos años. Ahora aumentamos el monto hasta 40.000 pesos, pero a un año de plazo. Nuestro sistema se basa en la confianza y se mantiene solidariamente con un valor de los collas: la palabra. Tiene costo cero y con orgullo, decimos que nadie dejó de devolver la plata y por eso, creo, nos invitaron de Harvard, en el 2004, para ir a contar cómo funciona.

Más información en la edición impresa de la revista

 

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