Televisión / 12 de octubre de 2012

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Todo tiene que ver con todo

“Amores de historia”. Unitario. Domingos a las 21 por Canal 9. Con: Soledad Silveyra, Gonzalo Heredia, Carolina Peleritti y otros. Dirección: Pablo Fischerman.

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Integrante de las propuestas ganadoras de la edición 2012 del concurso de fomento de contenidos para la Televisión Digital Abierta, “Amores de historia” se suma a la oleada de ficciones que repasan la historia argentina reciente para brindar una nueva mirada a hechos sociopolíticos de profunda resonancia en nuestra sociedad. En este caso, el objetivo es mostrar a dos personas comunes que viven un romance a la luz de distintos acontecimientos entre los años `60 y la actualidad. Entre ellos el Cordobazo, la muerte de Juan Domingo Perón, la dictadura, la vuelta de la democracia y la crisis del 2001.
Una premisa interesante y muy prometedora, que permite múltiples acercamientos a épocas convulsionadas del país y, encima, con la posibilidad de aportarle una cuota de romance para bajar a la tierra cada hecho histórico y reflejarlo en la vida de los protagonistas de cada emisión. Pero, lamentablemente, el nuevo ciclo de Canal 9 se queda en una buena idea que no rinde en la pantalla.

Resulta extraño que un programa bajo coordinación autoral de Marcelo Caamaño –responsable de ficciones tan destacadas como “Resistiré”, “Montecristo” y “Vidas robadas”– plantee historias tan rebuscadas, en las que los vínculos entre las vidas de los protagonistas y los sucesos históricos retratados responden más a una suerte de “todo tiene que ver con todo” que a una verdadera afinidad dramática. Al menos eso es lo que se vio en los episodios que Canal 9 emitió al cierre de esta edición. En el primero, una maestra ayunante de Pigüé (Soledad Silveyra) se reencontraba en plena época de la Carpa Blanca con un ex alumno (Gonzalo Heredia), dueño de una consultora de marketing vinculada al gobierno menemista. El reencuentro con la “seño” daba pie a un forzado acercamiento romántico, frustrado por el intento del joven de seducir a uno de los líderes docentes para levantar la protesta. Pero lo más inesperado era que, algunos días después, el galán le confesaba a la maestra su arrepentimiento por haberse dejado tentar por el estilo de vida neoliberal y su decisión de regresar al pueblo para vivir una vida con otros valores.

Tan descabellado, o un poco más, fue el segundo episodio, en el que un judío ortodoxo (Martín Pavlovsky) llegaba con amnesia a la casa de una masajista, minutos después del atentado a la AMIA. El casual encuentro, y los intentos de la mujer por ayudar al religioso a reencontrar la paz y la memoria tras la explosión, terminaban con ella interesada sentimentalmente en el amnésico –luego de apenas unas horas de tenerlo como accidental huésped– y con un insólito beso entre ambos. Todo esto con un austero nivel de producción, que da lugar a escenas demasiado largas, con muchos diálogos de relleno y apenas un par de locaciones por episodio, que no hacen sino empeorar un panorama de por sí poco tentador. Habrá que ver si en los restantes once episodios “Amores de historia” puede levantar la puntería, aunque todo parece indicar que ni sus elencos rotativos de lujo –con primerísimas figuras como Hugo Arana, Jorge Suárez, Alejandra Flechner y Mercedes Morán– podrán salvarlo.

 

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