Personajes / 2 de noviembre de 2012

Alejandro Awada (50)

“Nadie me regaló nada y ese es mi orgullo”

Protagoniza “Días de pesca”, el último film de Carlos Sorín. Su familia, padecimientos y educación rigurosa.

"¿Vos le vas a decir a tu hijo quién es? Él lo sabe. Seguramente venimos sabios y nos volvemos bastante ignorantes, porque perdemos contacto con el deseo, con nuestro corazón".

Da cuenta de caminos tortuosos y laberínticos, pero tiene una mirada profunda y un tono cálido que compensa lo abrumador de esos paisajes. Por momentos, parece interpretar a un sacerdote: corto de movimientos pero con una sonrisa amplia que enlaza a la boca con los ojos. Es un caballero que invita el café, responde sobre cosas que a esta altura quisiera olvidar y se calla acerca de otras con las que probablemente perdería la compostura. Eso sí, Alejandro Awada no da ningún sermón, él comparte su viaje (que en las ramas genealógicas lo tiene como el tercero de cinco hijos del matrimonio de “Pomi” y Abraham, creadores de la reconocida marca de ropa Awada; y el hermano de Juliana, la esposa de Mauricio Macri, o el de Daniel, dueño de Cheeky, Cómo quieres que te quiera y Pâtisserie). Corrijamos entonces lo de sacerdote y digamos que él permite que uno se asome al abismo y a la liberación del que se cortó de la tela familiar, deshilachó el entramado prestado y entrelazó hilos para coser la mejor versión de sí mismo. De ahí su aire místico y poderoso.

En la última película de Carlos Sorín, que se estrena el 15 de noviembre, interpreta a Marco, un hombre que quiere curarse del alcoholismo y se embarca en un viaje a la Patagonia. Con la excusa de pescar para no beber, en realidad intentará tirarle un anzuelo a su hija (Victoria Almeida) que vive en el Sur y a la que no ve desde hace años. La aventura tiene el plus de un elenco cargado de no actores. “Fue un trabajo dichoso para mí, con un equipo de primera. Me encontré intercambiando con estas personas que hacen de sí mismos y se me iban todos los artificios. Porque si te ponés a “actuar”, te la perdiste; si no jugás el juego… estar con el otro o, si querés más lindo, estar en el otro…”

Noticias: Ese acto conjunto es lo que descubrió al empezar a estudiar teatro, ¿no?

Alejandro Awada: Fue conmocionante, ser una parte de la comunión, dejar de ser yo, abandonar esa cosa yoica que me llevó y me llevará siglos (suelta una carcajada). Estar con el otro me da libertad, el permitirme abrirme hacia el otro me desanuda, eso me hizo descubrir el teatro.

Noticias: ¿Antes se forzaba por encajar en el molde ajeno?

Awada: Siempre porque la necesidad es de ser aceptado, querido. Estamos hablando de un joven de 18 años, profundamente anudado. Mi infancia y mi adolescencia fue en la peor Argentina, la del “no seas, no pienses, no sientas, no elijas, se hace lo que decimos que hay que hacer y se terminó”. Eso hacia nudos y más nudos. Más la problemática con la que uno viene al mundo, a la que uno adhiere, la que uno adquiere quise decir.

Noticias: ¡Qué acto fallido!

Awada: Porque, a ver, en definitiva yo adherí a la problemática familiar. El querer ser parte, ser hijo de mis padres, hermano de mis hermanos, el que su futuro estaba en la empresa familiar. (De niño) inventaba mis juegos siempre en soledad, porque había una enorme dificultad para vincularme.

Noticias: ¿Sus padres registraban su malestar?

Awada: Empezaron a observar esos comportamientos que no les gustaban, pero no comprendían que tenía que ver con un malestar o con un dolor. Para ojos atentos seguramente habría un “qué le pasará a este niño”.
Esos ojos atentos son los que encontró en aquella escena teatral fundante en la que por primera vez se sintió mirado y contenido. Otra revelación fue cuando leyó “Rayuela”. Aquel libro de Julio Cortázar le abrió caminos, ventanas y universos: “Mi vida cambió a partir de “Rayuela”, me chifló y me dijo `es por acá´… ese `por acá´ va a llevar toda la vida, es infinito”.

Noticias: A diferencia de la estructura rígida, ¿no?

Awada: Del “hacé lo que hay que hacer, esto es así”. Yo he recibido grandes humillaciones de niño por no ser lo que se esperaba que fuera. A mí me gustaba la calle, el único espacio que encontraba para respirar. Eso de “hay que hacer porque hay que hacer”, no viejo, pregunten, a esta altura de la vida, a los niños pregúntenles.

Noticias: ¿Crió así a su hija Nahiara?

Awada: Intento.

Noticias: Cuesta, ¿no?

Awada: Mucho, además ahí empieza a moverse tambien la necesidad del límite. Pero sí tengo la necesidad enorme como padre de preguntarle a mi hija qué quiere, qué necesita, qué le gusta. Intentar el intercambio, escucharla, que se establezca la comunión. Nahiara tiene 18 años y es actriz.

Más información en la edición impresa de la revista

 

3 comentarios de ““Nadie me regaló nada y ese es mi orgullo””

  1. Bueno Awada… digamos que ser hijo de un multimillonario ayudó un poquito en tu carrera, no? digo… no tener que preocuparte por tu futuro económico y poder dedicarte al teatro!, tampoco jodamos y vendamos a un personaje que da su vida por el teatro y vive alquilando en Villa Luzuriaga porque NO ES ASÍ

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