Personajes / 9 de noviembre de 2012

Javier Daulte (49)

“Conservo cierto grado de ingenuidad, de fe”

Guionista, dramaturgo y director de teatro multipremiado, también escribe el unitario “Tiempos compulsivos”. Goce e inspiración.

"Hoy un libro de medicina actualizado invalida los otros de hace cien años, pero no hay obra de teatro que anule el valor de Shakespeare. El arte es eterno y universal".

Su casa en el corazón del Abasto, precedida por un jardín, luminosa y de espacios abiertos, parece un remanso. Aquí vive y trabaja Javier Daulte, guionista, dramaturgo y director de teatro. Alguien con prestigio en el país y el exterior, elogios permanentes, premios –este año ganó el ACE de Oro y dos estatuillas más y el año pasado, el Konex de Platino como mejor director de teatro de la década 2001-2010–, tres libros con sus obras traducidos a varios idiomas y un método de actuación con su nombre en una escuela de interpretación de Barcelona.

Hombre de intensa actividad, tiene cuatro obras en cartel –entre ellas una puesta radical de “Macbeth” en el Teatro San Martín– y escribe los guiones de “Tiempos compulsivos”, el unitario de Pol-Ka. Y en el 2013 dirigirá “Una relación pornográfica”, con Darío Grandinetti y Cecilia Roth, y “Amadeus”, con Oscar Martinez y Rodrigo de la Serna, y escribirá un nuevo unitario para El Trece. “Es cierto que trabajo mucho, pero lo disfruto totalmente, y también me hago tiempo para mi hijo Agustín (18), para mi familia y para tomarme un buen vino con mis amigos. Si no, para qué compré esta casa”.

Noticias: Usted menciona como un hecho fundante cuando a los 14 años vio “Despertar de primavera”, dirigida por Agustín Alezzo y Hedy Crilla.

Javier Daulte: Sí, yo había visto alguna obra antes, pero esa me capturó como espectador. Fue la primera vez que descubrí el teatro, que ocurrió el teatro en mi vida. Recuerdo que a los ocho años me habían llevado a ver “Cenicienta” y cuando venía el momento en que el hada iba a convertir la calabaza en carruaje, los ratones en corceles blancos y los harapos en vestidos de fiesta, se cerró el telón y se asomó una actriz que contó la situación. Mi decepción fue enorme, el teatro me pareció la estafa más grande. Ahora toda mi vida está dedicada a reparar ese error y ver si, algún día, logro que la calabaza se convierta en carruaje a los ojos de la gente.

Noticias: Tanto lo capturó aquella vez que el teatro se convirtió en una obsesión.

Daulte: Sí, a partir de entonces comencé a ver obras compulsivamente, hasta solo iba, todo lo que había lo veía. Y era muy raro para un chico de 14, sin ningún antecedente familiar, además. Mi hijo va solo al teatro, pero tiene una influencia, no es tan raro. En mi caso fue de gajo. Mis padres han sido personas cultas, de leer, la típica clase media argentina, que ya no lo es más, pero no eran gente de teatro.

Noticias: ¿Y qué conserva de aquel chico?

Daulte: Creo que sigo buscando la magia en el teatro y tratando de producirla, eso es lo que conservo. Hace poco estuve de vacaciones y mi cabeza se iba a un proyecto que tengo para el año próximo, totalmente independiente, que solo se hará los lunes. En algún sentido, ese rincón del teatro alternativo sigue siendo el escenario perfecto para investigar y crear juegos.

Noticias: La pasión y el deseo siguen intactos.

Daulte: Sí, y es un trabajo que eso ocurra. Hay que ser muy cuidadoso para que ese deseo, esa pulsión, estén intactos. Conservar cierto grado de ingenuidad, de fe. Uno hace las obras porque le gustan, no porque las entiende. El intelecto debe trabajar mucho, pero en función de mantener el misterio. La razón no debe estar al servicio de explicar los misterios. La modernidad terminó resquebrajándose porque, justamente, trató de explicarlo todo.

Noticias: El teatro es un acto de fe, ¿no?

Daulte: Hoy todas las profesiones son un acto de fe. La desregulación en nuestro país y en el mundo hace que todo sea un acto de fe. Creo profundamente en eso. Cuando estaba por dirigir “4D Óptico” en Barcelona, el director de la Sala B, que es una sala muy prestigiosa, pidió ser mi asistente de dirección. Yo le dije: “¿cómo vas a ser vos mi asistente?” y él me respondió: “Quiero saber qué hacés con los actores”. Genial, para mí fue un lujo, y al segundo ensayo me dijo: “Ya sé, es muy fácil lo que hacés, confiás en ellos”. Y es así, como todo acto de fe también es un acto de amor. El teatro es la única manera que tengo de entender el mundo y de conocerlo, y lo hago para ser feliz.

Más información en la edición impresa de la revista

 

2 comentarios de ““Conservo cierto grado de ingenuidad, de fe””

  1. me parece el hombre mas bello del mundo,en todo sentido,lo descubri hace uns años y cuando lo vi me impacto,ojala alguna vez lo conozca

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