Ciencia / 23 de noviembre de 2012

Miguel de San Martín (53)

Argentino y espacial

El ingeniero trabaja en la Nasa y es uno de los responsables de haber logrado que el robot Curiosity esté rodando suelo marciano.

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Nació en la provincia de Río Negro y tiene 53 años. Ocupa el puesto de ingeniero jefe de navegación del JPL, Laboratorio de Propulsión a Chorro, de la agencia espacial estadounidense.

Hace más de cuatro décadas, un nene rionegrino de apenas 6 años vio por televisión el despegue de un cohete espacial y le preguntó a su papá si podía llevarlo a ver en vivo ese espectáculo. El padre le dijo que era un poco difícil porque esos lanzamientos no se hacían en la Argentina, si no en otro país que estaba lejos de donde vivían ellos.
En cierto modo, lo que hizo Miguel San Martín desde aquel día fue ir acortando la distancia entre su mundo y el de los que iban al espacio, hasta llegar a ser el argentino que mejor conoce cómo se vive y trabaja en la agencia que puso al hombre en la Luna y ahora quiere llevarlo a Marte.

Hoy tiene 53 años y vive a 15 minutos en auto de su oficina en el laboratorio de la Nasa en Pasadena, California, donde se trabaja en todo lo que sean “vuelos robot, sin tripulación, para explorar el sistema solar”. En agosto, él y su equipo (en el que también está Martín Greco, otro argentino) lograron hacer bajar a salvo en Marte el vehículo de exploración Curiosity, que en este momento rueda por la superficie del planeta rojo.
Una de las cosas que San Martín aprendió desde aquel primer contacto por televisión es que la Nasa es mucho más que los hombres vestidos de astronautas o la famosa base de Cabo Cañaveral desde la que veía salir los cohetes.
“No está en un solo lugar, tiene varios laboratorios a lo largo de los Estados Unidos donde se hacen desde escudos térmicos hasta investigaciones sobre aerodinámica. Las responsabilidades están divididas y también se compite un poco entre las diferentes oficinas”, cuenta en una charla con NOTICIAS.

El lugar donde ocupa el puesto de ingeniero jefe de navegación es el JPL (Laboratorio de Propulsión a Chorro), cerca de Los Ángeles. Existen otros laboratorios como el de Hansville, Alabama, donde se diseñan los cohetes; uno en Maryland, donde organizan las misiones dentro del planeta Tierra; o el famoso Johnson Space Center de Houston, donde se coordinan los vuelos tripulados y marcan tarjeta los astronautas mientras están en la Tierra. “Sí, ese es el de ‘Houston, tenemos un problema’”, bromea San Martín, que trabaja como ingeniero en la Nasa desde 1985 y hace poco pasó por la Argentina para dar varias conferencias sobre la misión que a mediados de este año puso un vehículo de una tonelada de peso en Marte.
Crónicas extraterrestres. Los viajes a ese planeta han estado íntimamente ligados a la posibilidad de encontrar rastros de vida extraterrestre. Las primera misión de la NASA que aterrizó de forma exitosa en Marte fue la de la sonda Viking, en julio de 1976. “Viking hizo algo impensable para la época e incluso fue lo que a mí me convenció de que me quería dedicar a esto, pero a la vez fracasó en encontrar vida y un poco desinfló todo el proyecto espacial de Marte. Una de las razones por las cuáles después no se hizo nada fue esa: las expectativas eran demasiado grandes y en la Nasa se tuvo que cambiar toda la filosofía al respecto, pensar más paso a paso”, explica San Martín.
Tuvieron que pasar 20 años, hasta la misión Mars Pathfinder de 1997, para que esa agencia volviera a llevar un vehículo (diminuto, de apenas 10 kilos de peso) a la superficie de Marte. En 2004 tocaron otra vez ese planeta con los vehículos gemelos Spirit y Opportunity. Y a mediados de este año, fue el turno del Curiosity, que tiene el tamaño de un auto pequeño.
La búsqueda de vida no es algo que implique directamente a San Martín, encargado más bien de evitar el desastre de una misión que cuesta fortunas: o sea, desarrollar los sistemas de propulsión y navegación que hacen desacelerar la sonda, que llega a caer a más de 300 kilómetros por hora, antes de que golpee el suelo y se destruya.
Igual, la vida extratarrestre es un tema que sale en muchas conversaciones de pasillo con otros científicos de la Nasa. “No soy experto en astrobiología o geología, pero sí he aprendido algo de hacerles preguntas a ellos cuando me los cruzo en los ascensores. Algo que remarcan mucho es que la propia definición de vida es algo complejo, porque es posible observar reacciones químicas que no son biológicas pero que se asemejan muchísimo”, explica San Martín.

En parte, la misión del Curiosity es ubicar las zonas de Marte donde hay más chances de sacar una muestra con alguna posibilidad de contener rastros de vida. El siguiente paso sería una misión que ya bautizaron como “Mars sample return”, que contempla enviar un vehículo a recoger esas muestras fósiles o de tierra marciana y traerlos de vuelta a la Tierra para examinarlas.

“Encontrar restos de vida es muy difícil, en primer lugar porque la química y las condiciones en la superficie de Marte destruyen todo compuesto orgánico. Pero incluso se dice que acá en la Tierra, si uno va a buscar fósiles de la época de los que buscamos en Marte, la evidencia orgánica ha sido destruida hace tiempo”, cuenta.
Historia familiar. Miguel San Martín es hijo de un ingeniero civil que en su juventud construyó caminos en la Patagonia. “Él me tuvo de grande y ya no trabajaba de eso, pero siento que heredé ciertos deseos de aventura y aptitudes para la ingeniería. Siempre me gustó todo lo que tuviera pilas o se moviera, a mi papá no le pedía soldaditos sino artefactos electrónicos”, recuerda.

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