Personajes / 30 de Noviembre de 2012

Tini de Bucourt: “Somos adictos a la mirada del otro”

La ex modelo dicta talleres personalizados para la mujer y para adolescentes, y acompaña a grupos a la India. Aprendizajes y arrugas.

Humor. En sus talleres Tini enseña a tener una mirada diferente sobre la belleza.

“Después de vivir en la India decidí continuar más liviana y regalé gran parte de mis cosas. Estoy en esta casa en Punta Chica desde hace 3 años; la construyó Juan, mi hijo, y la decoré con un estilo ecléctico moderno: tiene exactamente el tamaño que necesito y la habito entera, como a mi propio cuerpo. Es simple, llena de luz, silenciosa, pero resuena con las voces de quienes me importa escuchar. Mi gente querida viene a menudo y la llena de excelente energía”, dice serena y jovial, quien parece haber vivido muchas vidas. Simba –el labrador dorado- corre en un pequeño jardín que se integra al living a través de un enorme ventanal. “Empecé a modelar a los 21; creo que fui la primera en incursionar en la profesión con dos hijos. Estaba recién separada, nunca había visto ni un desfile y estudiaba psicopedagogía. Venía de golpes muy fuertes” cuenta.

Noticias: ¿A qué se refiere?

Tini de Bucourt: La pérdida de mi padre a los 13 años, sin familia en Buenos Aires; porque mamá húngara y papá alsaciano, mitad francés, mitad alemán, llegaron a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. Solo tenía a mi madre y a mi hermano mayor, que estudiaba en Europa. Me quedé casi huérfana de afecto ya que mamá entró en una terrible y entendible tristeza. Esto me llevó a casarme embarazada, a los 18 años. Tuve a Juan a los 19 y a Cecilia a los 20; y me divorcié a los 21. ¡Fue un huracán! ¡Sólo quería escapar! ¡Me salvaron mis hijos! Ceci (41) es diseñadora y fotógrafa, madre de Sofía (7) y Noah (4), viven en Nueva York. Juan (42) es arquitecto, tiene a Chiara (15) y Christian (12), establecidos en Buenos Aires.

Noticias: La suya fue una adolescencia con madurez forzosa.

De Bucourt: Además de mis hijos, me salvaron los libros, el tejido, pintar y las técnicas corporales. Danzas -clásicas y modernas-, el método Feldenkrais basado en el movimiento consciente, eutonía en la línea de Gerda Alexander, la antigimnasia de Therese Bertherat, bioenergética, yoga y kuruntas, una modalidad yóguica.

Noticias: En algún momento superó los golpes.

De Bucourt: Después de tanta cosa, necesitaba enraizarme como primera argentina de mi historia familiar europea. Y el universo me empujó hacia el afuera. Conocí a Maggie Tow, dueña de L´Interdit, quien me abrió las puertas y así comenzó mi romance con la moda, a la cual le debo gran parte de mi identidad. Me puse a prueba con fuerza, usando mi creatividad, afrontando mi compromiso y mi pulsión por la vida. Amé y amo mi profesión. Un mundo opuesto al silencio: aprendí a ser visible a costa de enamorarme del espejo y complacer. Pude salir de esa adicción, claro; mi alma carenciada necesitaba ser visible y yo traducía “visibilidad” por “soy querida”.

Noticias: Pero no le fue nada mal.

De Bucourt: No. Pero fue un precio alto y un camino equivocado para ser yo misma. Por suerte me di cuenta a tiempo. Y uní el silencio que seguía intacto en mi interior, gracias a mi trabajo espiritual, con la visibilidad dada por la exposición, en pasarelas y medios, un modo de estar en el mundo.

Noticias: A los 36 dejó de modelar. ¿Qué pasó?

De Bucourt: Un sueño me avisó que dejara la pasarela. Renuncié al otro día y me despedí en el desfile de Gino Bogani, un gran maestro. De a poco empecé con mi escuela, donde formaba modelos como profesionales, pero también mujeres que buscaban ser ellas mismas. Fueron alumnas Dolores Barreiro, Carolina Peleritti, Florencia Raggi… Se cursaba también producción y fotografía de moda; tuve mi programa en cable durante 9 años y di conferencias por todo el país.

Noticias: Ha dicho: “Las mujeres tenemos una adicción por la mirada del otro”. ¿Le parece bien generalizarlo?

De Bucourt: Quiero ponerlo de esta manera: la belleza se logra si nos conectamos con el coraje de ser nosotros mismos. Es un trabajo bastante duro, porque requiere salir de la zona de comodidad y poner en marcha nuestros verdaderos deseos. Parto del concepto: queriendo ser otra persona, desperdiciás quién sos. Nuestra cultura nos lleva a inseguridades con creencias que prometen la juventud y belleza eternas, y muchas veces tiene un gran peso la mirada del otro y no la propia. Mucha energía perdida en complacer la mirada ajena me aleja de ser quien soy.

Más información en la edición impresa de la revista

Fotos: Osvaldo Dubini. Producción: Esteban Vedia.

 

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