Deportes / 7 de diciembre de 2012

La crisis del deporte-ciencia

Jaque mate al ajedrez

La caída de la Unión Soviética, la irrupción de las computadoras y la extinción de los grandes maestros. El panorama argentino.

Por

Carolina Luján, preside la Asociación de Profesionales de Ajedrez.

Dicen los que dicen que saben que la Edad de Oro del ajedrez ya pasó. Atrás quedaron aquellos memorables duelos entre genios a ambos lados de la cortina de hierro. Los nombres que jugaron para la memoria, hoy libran verdaderas batallas contra el olvido. Eran tiempos donde la Guerra Fría estaba en plena vigencia y Oriente era algo así como la personificación del demonio para Occidente. Y viceversa, claro. Eran tiempos de espías y riesgo nuclear.
El ajedrez, de cierta manera, formaba parte de una gran infraestructura montada por la vieja Unión Soviética para imponerse. Daniel Johnson explica en su libro “Rey blanco y reina roja. Historia del ajedrez durante la Guerra Fría” el cuadro de las relaciones entre ajedrez y política durante este período. Parte de la premisa de que el ajedrez de elite fue una especie de sismógrafo político, una válvula de escape y el teatro de operaciones en miniatura de la Guerra Fría. Desde ese momento, la Unión Soviética hizo del ajedrez un arma propagandística, una muestra de sus presuntos progresos y éxitos. Entonces, el juego, en sus más altos niveles de competición, se vio contaminado por intereses ajenos a su propia esencia con transgresiones a las reglas.
Duelos de titanes. En ese contexto, por caso, aparecen en la memoria las partidas entre los rusos Anatoly Karpov y Garry Kasparov allá por noviembre de 1985, cuando las calles de Moscú estaban inundadas de banderas rojas y dantescos retratos de Lenin para festejar el aniversario de la Revolución. “Con la caída del muro”, cuenta el periodista especializado Carlos Ilardo, “atrás quedaron esas épocas doradas. Sumado a eso, desde que se retiró la santísima trinidad ajedrecística (Karpov, Kasparov y Fischer), no hay grandes figuras reconocidas internacionalmente. La caída del Muro cambió por completo el panorama. Los soviéticos salieron por toda Europa. Entonces abundaban los grandes maestros y ahora hay una gran cantidad de ex soviéticos que viven en toda Europa”.
Pero más allá del mapa global que quedó tras 1989, un nuevo actor apareció por aquellos años: la computadora. La tecnología se enfrenta desde ese entonces –incluso antes– con el “deporte ciencia”. En los ’90, la computadora comenzaba a medirse con el hombre. En 1996, Deep Blue, desarrollada por IBM, era derrotada por el genio Kasparov. Un año después, la máquina vencía al brillante ruso. El ajedrez se convirtió en una pugna entre el hombre y la máquina por demostrar superioridad.
Deus ex machina. En el país cerca de un millón de personas juegan o han pasado por un tablero. El número lo aportan desde la Federación Argentina de Ajedrez y sirve para contextualizarlo dentro de los diez millones que lo hacen por día en los juegos en red a nivel planetario. La potencia que logró el ajedrez a través de internet es notable. “Hoy la información vuela, el ajedrez es el único deporte que se puede practicar por internet. Además los practican las tres edades, funciona como herramienta pedagógica en las escuelas y con un juego podés hacer una partida en cualquier lado. Creo que deberíamos aprovechar más estas ventajas”, explica Carolina Luján, Gran Maestra argentina, “ pero el choque entre el hombre y la computadora es algo meramente comercial”.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

2 comentarios de “Jaque mate al ajedrez”

  1. No olvidar que las grandes inmigraciones trajo a mucha gente de Europa que sabían jugar al ajedrez y ello provocó que mucha gente tenga un conocimiento general del ajedrez y que se difundiera en la clase obrera. Una vez estuvo Paul Keres en LOma Negra, Olavarria, y entabló con un empleado de una fábrica de cemento.
    .

  2. Nada dice Cáceres del “Panorama argentino” que promete arriba. Al respecto, en mi opinión, fue una lástima que de la legión de ajedrecistas que la guerra hizo desembarcar en Argentina, prácticamente no quedó herencia alguna. Ni en cepa, estilo o prosapia de juego, ni en idoneidad dirigencial. De esto último, mucho menos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *