Personajes / 7 de Diciembre de 2012

Marta Minujín (69)

“Sé que soy eterna y eso me tranquiliza”

La artista plástica habla de genialidad, normalidad y videncias. El poder del amor, adicciones y escarmiento.

"Mi marido es mi cable a tierra y yo soy el cable pelado de él (risas). Yo quiero que me quieran, que me llamen, que se preocupen por mí. Necesito el amor constante".

De niña, era algo así como una larva. Ya mujer, desplegó sus alas de mariposa tecnicolor. Adentro de aquellas paredes donde hoy es su taller, también hubo metamorfosis: de una casa familiar en la planta alta, donde se crió con sus padres y hermano, y otras abajo alquiladas por su abuela, a un estudio de 900 metros cuadrados repleto de ¡arte, arte, arte! –su frase de cabecera–. Hace rato que no sube donde está el archivo porque le han dicho que allí viven fantasmas. Ella se apropió de tal modo del inmueble familiar, que intervino con su impronta pop cada hueco. Porque, aunque se reivindique cosmopolita, ese es su lugar en el mundo, donde se siente en completa armonía por el simple hecho de que todo está dispuesto para su proceso creativo.

Afuera, la normalidad de la ciudad puede llegar a asustarla. “Entro acá y estoy en otro mundo, yo vivo por mis proyectos”, afirma Marta Minujín. Adentro se respira olor a incienso, a pinturas, a aerosoles. Como si fuese una quinta dimensión shockeante de estímulos sensoriales. Habla rápido, mientras pega tiritas de papeles flúo en la silueta dibujada en la tela. Sabe que el personaje que creó opaca a sus obras. “Pero lo que trasciende son las obras, no las personas. A mí me tocó ser Marta Minujín en la Argentina y encima hacer todo siendo mujer. Pero en el mundo Marta Minujín no existe, existen sus obras”, dice quien acaba de recibir el prestigioso premio Konex a la Trayectoria.

Noticias: En vez de “nacional y popular” su arte es “popular y global”, ¿no?

Marta Minujín: Sí, es popular y global. Ahora voy a ser una Torre de Babel en París y New York, tengo mucha fuerza de pensamiento y al final hago lo que pienso y no molesto a nadie, porque lo que hago es arte, alegre, positivo.

Noticias: Dice que los `60 abrieron todas las puertas del arte…

Minujín: Acabo de estar cinco semanas en todos los museos de Alemania, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y España y nada, nada que ver… yo ya hice los happening, ya tiré cosas del helicóptero, ya hice todo. Lo que pasa es que vivo en Sudamérica y es muy difícil desde lejos que la gente se acuerde de uno.

Noticias: ¿Perdió mucho al quedarse en el país?

Minujín: En New York sería multimillonaria, haría cosas maravillosas y en vez de tener cuatro ayudantes, tendría 120.

Noticias: ¿Por qué se quedó, entonces?

Minujín: En principio, porque tengo una casa en el Sur que es maravillosa y voy siempre, y después porque a los argentinos los quiero y el inconsciente colectivo de los argentinos de los `80 me transmitió el Obelisco de pan dulce, por ejemplo. Las caras cortadas las hice porque vi al argentino tan fragmentado… No hubiese inventado eso si me quedaba en New York.

Noticias: Antes resaltaba el hecho de haber hecho tanto siendo mujer…

Minujín: En el `60 era brutal, era una bomba, las mujeres no trabajaban. Cuando yo surgí nadie dijo si era mujer o no, porque mi arte estaba tan desconectado del ser femenino… En cambio ahora, en una exposición de mujeres que vi hace poco, todo tenía que ver con la vagina, con los pezones, con el hijo, con el marido que le pegaba, eran cien artistas de todas partes del mundo.

Noticias: ¿Y usted qué piensa de eso?

Minujín: Nooo, yo pienso que el arte no tiene sexo.
Sus padres esperaban un varón, así que se encargó de frustrarlos de entrada. Luego volvió a pegarles con el puño cerrado en la boca del estómago porque se atrevió a ser una niña indómita, de esas que se niegan a jugar con las muñecas y prefieren salir a conquistar el mundo. En el instante en que se supo artista, tenía seis años y estaba bordando punto vainilla en una clase del colegio público. Como la nena de al lado suyo estaba haciéndolo mejor, le arrebató el bastidor y la sacaron de la clase. Al ver las manchas que había hecho en la tela, porque ella era desprolija y ensuciaba todo, dijo “soy pintora”. “Tenía fama de loca. Un hermano mío iba al St. Andrews y era perfecto, y yo era la oveja negra brutal, lo peor”, recuerda.

Noticias: ¿Y usted qué sentía?

Minujín: No me importaba nada, nada, era mi fuerza y con eso arremetía, es como una ola gigante que se quiebra… yo era la ola que quebraba y no me importaba nada… nunca me importó nada lo que dijeran los demás.

Para más males, cuando chica tenía videncias: podía saber que tal o cual iba a sufrir un accidente. Así, a los doce años supo que su hermano, que estaba enfermo de leucemia, moriría irremediablemente. En medio del duelo, se anotó sola en tres colegios de arte al mismo tiempo e hizo pintura, escultura, grabado, todo. De repente, la mirada de sus padres se posó sobre ella, justo cuando antes de terminar Bellas Artes, se ganó la beca en París por tres años. “Tuve un sentimiento terrible de protección hacia ellos, como si fueran mis hijos. Sufrían tanto y eran tan locos, hasta conservaron el lugar de mi hermano en la mesa. Yo me salvé con el arte, total, total”.

Fotos: Marcelo Dubini.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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