Clásica / 7 de Diciembre de 2012

clásica

Wagner abreviado

“Colón Ring”, adaptación de C. Garben de “El anillo del nibelungo”, de R. Wagner. Con L. Watson, L. Zakhozhaev, S. Andersen, J. Rasilainen y elenco. Régie: V. Carrasco. Dirección: R. Paternostro. T. Colón.

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La tetralogía “El anillo del nibelungo”, de Richard Wagner, es una de las creaciones artísticas más colosales de todos los tiempos. Que el Colón haya decidido homenajear a su autor presentando una versión reducida de esa obra monumental parecía, de antemano, innecesario. Por sus características, resulta difícil imaginar que las creaciones de Wagner puedan resistir esta clase de reducciones. La primera objeción que se puede hacer a este se relaciona, precisamente, con la síntesis que propone. Condensar las cuatro óperas que conforman la Tetralogía en siete horas de música implicamutilar la obra original. En su afán por agilizar la acción y omitir reiteraciones, Cord Garben realizó cortes demasiado evidentes, que no solo impide, por momentos, la comprensión cabal del relato, sino que cercena la coherencia musical del discurso wagneriano y atenta contra su complejidad. Así, el resultado es un espectáculo con bellos momentos, que poco tiene que ver con Wagner.

Los vaivenes que transitó este proyecto, abandonado nada menos que por su impulsora, Katharina Wagner, hicieron peligrar su realización. Valentina Carrasco, conocida por sus trabajos con la Fura dels Baus, aceptó ocuparse de la puesta en escena a pocas semanas del estreno.

Su concepción, de impecable factura, falló en su intención narrativa, no por haber elegido contar la historia desde una óptica asociada a episodios trágicos de la última dictadura militar, sino porque ese planteo no encontró la coherencia necesaria para que el relato resultara convincente.

Pese a todos los reparos, las portentosas voces que se escucharon hicieron que este “Colón Ring” fuera una experiencia satisfactoria. En un elenco con cantantes excepcionales, la gran figura fue la soprano Linda Watson. También se destacaron Leonid Zakhozhaev, Stig Andersen, Marion Ammann, Daniel Sumegi, Stefan Heibach y Kevin Conners.

El Coro Estable se lució y la orquesta, dirigida en una auténtica proeza por Roberto Paternostro, logró una sonoridad suntuosa y momentos de intensa expresividad.

 

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