Arte / 14 de Diciembre de 2012

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Trascienden las etiquetas

Línea y volumen, luz y color, imagen y relato constituyen indicios básicos en las obras de Marcolina Dipierro, Karina Peisajovich y Carlos Huffmann, que trascienden las etiquetas y exhiben refinado oficio. La sobriedad de la línea, la nitidez de su forma y la claridad de su estructura, se establece en los collages de Marcolina Dipierro […]

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Línea y volumen, luz y color, imagen y relato constituyen indicios básicos en las obras de Marcolina Dipierro, Karina Peisajovich y Carlos Huffmann, que trascienden las etiquetas y exhiben refinado oficio.

La sobriedad de la línea, la nitidez de su forma y la claridad de su estructura, se establece en los collages de Marcolina Dipierro (Chivilcoy, 1978) y los traspasa, organizándose en el espacio en un conjunto de relieves y esculturas que continúa las exploraciones constructivistas de los papeles. Mínima pero dinámica, la línea arma cuadrículas, salta y atrae sombras, se sobresalta y es otra cosa, geometría dislocada, geometría recompuesta. Madera policromada, hierro, cedro y pintura acrílica para los objetos y esculturas que deslizan quiebres, dibujan visiones, señalan contornos de impecable factura, como los dameros que se repiten en algunas piezas de cedro, En Paraná 1133.

El trabajo de los últimos años de Karina Peisajovich (Buenos Aires, 1966) se encuentra vinculado a los experimentos modernistas con la abstracción y la percepción. En “Totalmente, tácitamente” vuelve a trabajar en el espacio arquitectónico con la inmaterialidad de la luz y persiste en su indagación sobre el color en sus dibujos con intensidades de aumento o disminución de claridad / oscuridad. A propósito Fernanda Laguna, se pregunta: “¿Hasta dónde llega la luz? Y la oscuridad que le sigue ¿no es parte de su ausencia? Los reflejos ¿no son la obra? Y el recuerdo de un color, nada más que un color que persiste por algo inexplicable en la memoria ¿qué es?” Peisajovich amplía sus investigaciones creando objetos que remiten a lo lumínico, tan delicados como contundentes. Utiliza dispositivos para generar movimiento y crear “Los amantes”, una pieza con dos lámparas encendidas que se asemejan al vuelo nupcial de los pájaros, elevándose, oscilando en paralelo y realizando movimientos concéntricos; en Esmeralda 1357.

En “La juventud de los ancestros”, Carlos Huffmann (Buenos Aires, 1980) establece relaciones diversas entre la imagen y la palabra.No es de sorprenderse, el artista creció entre libros. La editorial y librería El Ateneo pertenecían a su familia. Hijo de la editora Adriana Hidalgo, es nieto del diplomático -desaparecido durante la dictadura- Héctor Hidalgo Solá, a quien dedica su lograda muestra. Sorprende sí, la vuelta de Huffmann a la pintura tras desarrollar instalaciones. La pintura “Retrato del artista como joven escritor” describe a un presunto narrador y a su entorno de trabajo, junto a ella se despliegan pinturas con los personajes que formarían parte de la historia. “Es la ficción de una muestra de pintura que trata sobre un libro inexistente escrito por un autor imaginario”, dice el artista; en Florida 1000.

En galería Ruth Benzacar, también se puede ver “Worldaso” de Tomás Maglione, ganador del concurso Curriculum Cero; es un video que maneja bien la tensión de la intriga, los colores y el sonido del misterio.

 

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