Sociedad / 18 de Diciembre de 2012

Autobiografía no autorizada

Nacen un sello editorial y un género. Gran candidato a libro del año. Vértigo puro y motivos para enojarse con Majul, otra vez.

Por

Gabriel García Márquez ha indicado, a propósito de su monumental autobiografía, que la vida no es tanto lo vivido a su tiempo como lo que ahora se recuerda para contarlo.

Viniendo de quien vino tal definición, deberíamos rendirnos ante la maravillosa fatalidad de que las confesiones de vida puedan resultar más sabrosas y digeribles que cada episodio de la vida misma, claro que siempre a riesgo de manipulaciones, ocultamientos o edulcoradas evasivas.

Juguemos pues con las nada inocentes palabras de Don Gabo y arriesguemos que “Lanata: secretos, virtudes y pecados del periodista más amado y más odiado de la Argentina” combina dosis contundentes de la intensidad autoevocativa de alguien que, hasta aquí, ha sido intenso hasta el exceso (también en materia narrativa) con las no menos salvajes cuotas de voracidad periodística aportadas por Luis Majul.

El resultado equivale al alumbramiento de un género inexistente: la autobiografía no autorizada. Porque el fundador de Página/12 y actual conductor de PPT habló hasta los codos ante un grabador, incluso en horarios desopilantes. Y porque el conductor de La Cornisa lo tomó de la lengua en los párrafos más inquietantes y dudosos de su novelón personal, para contraponerlos a los de testigos o terceros (algunos enemistados con Jorge Lanata) y sin asustarse al advertir versiones incómodas que no figuraban o eran distintas en el relato del protagonista.

Estamos hablando de un viaje de aventuras entre las billeteras del guerrillero Enrique Gorriarán Merlo y el empresario Héctor Magnetto, con escalas no menos polémicas. De cocaína primero y diálisis después. De desgarros infantiles, hermandades rotas, pactos sinuosos, intentos de suicidio, cuentas imposibles de pagar, fracasos empresarios, impensadas voltretas del destino y una permanente e indeleble genialidad. Si lo lee (y acaso más si se lo cuentan, como sostiene Majul), Lanata podría enojarse por culpa de “Lanata”. Porque en “Lanata”, hasta sus detractores pueden encontrar buena letra para darse cuerda.

Si así fuera (ambos ya estuvieron peleados y eso también se cuenta en el libro), Lanata deberá procesar su propio arrepentimiento. Fue idea suya que Majul terminara siendo el autor de “su vida” y no él mismo, tan solo porque prefería que lo hiciera otro y que, si eso era inevitable, se tratara de “un hijo de puta conocido y no uno desconocido”.

-¿Qué podrías escribir que me pudiera joder? -provocó Lanata a Majul cuando éste aun proponía que la autobiografía era el camino menos conflictivo.

-Todo – se agrandó Majul.

– Dame un ejemplo…

-¿Te bancarías qu se publique la verdad sobre los financistas de Página? ¿Te va a gustar que todo el mundo sepa lo que pasó con Silvina Chediek? Vas a aguantar los detalles de cuánto ganás y cómo gastás la guita? ¿O qe todo el mundo lea sobre tu experiencia con las drogas?

-¿Eso solo querés saber? Si tenés un grabador a mano, empezamos ya mismo… -desafió Lanata.

Se vieron unas quince o veinte veces. Quienes crean que se trata de una confabulación de dos distinguidos amigotes de “la corpo”, mejor predispónganse a vencer los prejuicios. Aquellos que se esperen un picante y guionado entremés tipo Serrat-Sabina, olvídenlo y reserven su ejemplar. Ah… ¿el problema es que Luisito te cae mal? Una verdadera lástima: con “Lanata” (primer título de su sello Margen Izquierdo), Majul vuelve a demostrar que sabe muy bien dónde quedan las grandes historias y deslomarse para ir a buscarlas. “Lanata” es, sin dudas, un candidatazo a libro del año.

Sin prólogo ni dedicatorias ni agradecimientos iniciales, a la “Lanata” se ingresa con un vértigo imposible de controlar hasta la página 444, donde se sabrá por qué debe suponerse que, tras contar todo lo que contó, Jorge Lanata debió haberse sentido como quien se quitó un enorme peso de encima “repondiendo, muy a su pesar, sobre sus partes oscuras”.

Un año casi exacto atrás, quien esto escribe firmó el texto que, junto a un reportaje conmovedor de Marina Abiuso, sostuvieron la tapa de NOTICIAS titulada “¡Viva Lanata!”. Lo habían apedreado en un evento y sus riñones le daban señales de alarma. En secreto se daban las primeras charlas con Majul, quien ahora, como última apelación de su nuevo libro se dirige “a quienes afirmar que para escribir una biografía, el personaje tiene que cumplir cien años o estar a punto de morirse: Lanata tiene 52, pero este trabajo demuestra que tiene más de una vida”.

 

 

Comentarios de “Autobiografía no autorizada”

  1. “Se vieron unas quince o veinte veces”. Le dio entrevistas, le dio los datos. Me parece que tan “no autorizada” no es…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *