Danza / 20 de Diciembre de 2012

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Desde Oriente, baile y espiritualidad

SHEN YUN Performing Arts. Compañía de danza clásica china. Teatro Opera Citi.

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No todos los días puede verse un espectáculo de las características de Shen Yun. Es un programa de danza y música inspirado en la milenaria cultura china, cuyos valores (compasión, lealtad, bondad, belleza) son sostenidos por la disciplina espiritual de Falun Dafa, de permanente presencia durante toda la velada. Desde el programa de mano, y también desde algunos de los cuadros, se explicó la persecución operada en China contra sus practicantes desde hace más de una década. Así fue como Shen Yun (divinidad bailada) Performing Arts fue creado en Nueva York en el 2006, con la misión de mantener la cultura ortodoxa china. Desde entonces, la compañía ha reunido los talentos de bailarines, coreógrafos, cantantes y músicos de diferentes lugares del mundo.

Lo artístico se ve influido de este modo por el profundo significado de ese trasfondo cuasi religioso, que dos presentadores se ocuparon de esclarecer mediante breves explicaciones previas a cada uno de los veintidós números. Verdaderos guías en esta marejada de microhistorias, ambos pusieron especial énfasis en la autenticidad de la técnica de la danza clásica china, y la diferenciaron de la acrobacia o del ballet. Y aunque los desplazamientos de los bailarines sugieran cierto entrenamiento en tal sentido, los movimientos de manos, cabeza, torso y pies se ven absolutamente originales.

Sin embargo, es difícil determinar el porcentaje de autenticidad de todo lo que proclama Shen Yun. La interacción de los artistas con la escenografía virtual –armada con filmaciones de óptima calidad–, o la innecesaria amplificación aplicada a la orquesta, por ejemplo, nos habla de una influencia extraña, que coloca al espectáculo en la categoría de show occidental. Aun así, la inmensa belleza que emana de cada uno de los cuadros, con sus historias casi pueriles, hace prescindir de mayores disquisiciones, para sumergirse en el más pleno disfrute.

Párrafo aparte merece la ajustada destreza técnica de los integrantes masculinos del elenco. Elasticidad y potencia se combinan de maravilla en estos sorprendentes artistas, dúctiles a la hora de poner una pizca de humor y picardía a los relatos, como en “Trece monjes protegen al emperador Tang”. En delicado contraste, las bailarinas de Shen Yun aportan la cuota de sutileza y serenidad, sea encarnando a hadas, seres celestiales o niñas.

Desde el foso del teatro Ópera, la orquesta dirigida por la inglesa Antonia Joy Wilson aportó un interesante sonido proveniente de la mezcla de instrumentos occidentales con chinos, como el ‘erhu’. Las partituras –de compositores chinos contemporáneos– se inscribieron en una línea melódica fuera de toda innovación.

 

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